Lucía y los otros dos camareros que trabajan en esta pequeña cafetería cercana a la Gran Vía llevan meses devolviendo todas y cada una de las propinas que les dejan los clientes. En este local se cumple a rajatabla el acuerdo del jurado mixto de hostelería del 5 de julio de 1933, que marca un aumento de diez céntimos en el precio del café y añade, según el Heraldo de Madrid, “queda suprimida la propina en los cafés, bares, cafés-bares y similares (…) percibiendo como retribución el obrero camarero el 20%.