“A los que han luchado en su país a favor del Gobierno legalmente constituido, no les vamos a ofender con un interrogatorio. Hay que recibir a todos”. Así respondió el presidente de México, Lázaro Cárdenas, ante las dudas que suscitaba en su consejo de ministros la inminente llegada de un aluvión de exiliados españoles a principios de 1939, cuando la República había ya perdido la guerra. Miles de ellos, de hecho, ya se encontraban en los campos de concentración franceses, bajo la calificación de “indeseables”, y otros, los menos, habían tratad