Hace un mes apareció el cuerpo de un toxicómano en un bosque de la periferia de Milán. Para los partidos del Gobierno, el caso ya estaba resuelto: el agente de policía que lo había matado lo hizo en legítima defensa y, por tanto, era inútil investigar. Es más, había que cambiar la ley para proteger a los policías, un escudo penal. Era la historia perfecta para demostrar que el Ejecutivo de derechas apuesta por la seguridad, contra los enemigos: los inmigrantes que delinquen y los jueces que los defienden... Sigue en
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