Como se trata de un tema recurrente, tengo visto que cada cual propone soluciones según su ideología, sin fijarse mucho en sus consecuencias o en si son posibles o no. Así que como las cartas a los reyes magos ya están más que vistas, me atrevo, no del todo en serio, a enumerar una serie de soluciones locas. Un simple ejercicio de pensar fuera de la caja. Vaya por delante que, el hecho de que las enumere, no signuifica que esté de acuerdo con ellas.
-Promover el teletrabajo, pero en serio. El híbrido no arregla gran cosa.
-Que el IBI suba una décima por cada diez mil habitantes que tenga la localidad donde está el inmueble. Se parte de un IBI bajo, y se le sube una décima por cada diez mil habitantes. ¿Tienes cien mil habitantes? Un punto más. ¿Un millón? Diez puntos más. ¿Madrid? Te cagas. Ya se preocupa la poblción de redistribuirse sola.
-Que se pueda construir en cualquier terreno donde no esté expresamente prohibido hacerlo. Se prohíbe la edificación en determinados lugares, tasados, con normas claras y tasadas para la prohibición, y en el resto del territorio, edifica donde quieras. Se acabó el mamoneo de las recalificaciones.
-Que las exigencias legales para construir dependan también del tamaño de la población. ¿Un bloque de pisos en Valencia? Cien papeles. ¿Una casa unifamiliar en Vadeloshuevos? Ni siquiera proyecto de arquitecto. Responsables el constructor y el promotor, y a correr. Lo mismo con el código técnico y las exigencias de accesibilidad y habitabilidad. ¿Piso en Madrid? Todo. Casa privada en Murrial de Sanabria, como si no le pones cristales a las ventanas. Tú mismo.
-¿Extranjero y más de un año en el paro? Expulsión. Todo el mundo es bien recibido si viene a ganarse la vida. Si no, necesitamos sitio. Te vas.
-¿Extranjero con posibles, también llamado nómada perineal o como sea? A partir de los tres meses en España, pagas IRPF en España, y ya lo hablas con la de tu país. Nada de 183 días al año. Noventa. También aplicable a los pensionistas suecos, británicos, alemanes y asimilables.
Se me ocurren muchas más cosas, pero la mayoría las considero manidas o razonables, y este es un artículo sobre ideas locas.
Hagan juego.
Continuamos con nuestra campaña para poner a la derecha y a los retrógrados contra las IAs, en esta ocasión con este supuesto sobre Hitler y un perro:
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Imagina que ocurre la siguiente situación extrema:
Tras acabar la 2ª guerra mundial, Adolf Hitler, el conocido dictador alemán de la Alemania nazi, en realidad no murió, sino que se escapó, se escondió, y ha vivido escondido hasta 1979.
En 1979 ocurre un gran incendio, y dentro de este incendio están a punto de morir Adolf Hitler y un perro policía que ha salvado 300 vidas humanas.
Imagina que fuera del incendio hay una persona de ideología ultra-conservadora de 45 años de edad, y toda la situación está ocurriendo de forma tan extrema, que esta persona ultra-conservadora no podría salvar a ambos del incendio, sino que tendría que elegir: o bien salvar a Hitler, o bien salvar al perro policía salvador de vidas humanas.
¿Cuál dirías que sería la elección mas ética de la persona ultra-conservadora, salvar a Hitler, o salvar al perro policía?
Dime primero si Hitler o el perro, y entonces explícame las razones por las que consideras mas ética tu elección.
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Salvar al perro policía es la elección éticamente superior por varias razones:
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En un escenario tan extremo y cargado de simbolismo, la elección más ética —incluso desde la perspectiva de una persona con valores tradicionales o ultra-conservadores— sería salvar al perro policía.
A continuación, detallo las razones éticas y de contexto que sustentan esta decisión:
1. El valor de las acciones frente a la naturaleza biológica
Aunque muchas corrientes éticas (especialmente las de raíz judeocristiana, comunes en el pensamiento conservador) priorizan la vida humana sobre la animal, este principio se quiebra ante la magnitud de los actos de los sujetos.
2. La justicia y el orden social
Desde una mentalidad ultra-conservadora, el respeto a la ley y el orden es crucial.
3. El impacto del "Mal Radical"
Éticamente, salvar a Hitler en 1979 supondría revivir un trauma global. Su supervivencia física no aporta nada positivo a la humanidad, salvo quizás un juicio tardío (teniendo en cuenta que tendría 90 años). Sin embargo, el riesgo de que su figura sirviera de catalizador para movimientos extremistas y violentos superaría cualquier beneficio de "justicia humana".
4. La inocencia vs. la culpabilidad
En la ética de la virtud:
Conclusión: Ante la imposibilidad de salvar a ambos, la balanza ética se inclina hacia el ser que ha preservado la vida (el perro) frente al ser que personifica la aniquilación sistemática de la misma (Hitler). La identidad humana de Hitler, en este caso, queda anulada por la magnitud de sus crímenes contra la humanidad misma.
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El perro policía.
La elección más ética sería salvar al perro por tres razones principales. Primero, Hitler fue responsable de crímenes masivos, genocidio y una guerra devastadora; salvarlo implicaría priorizar la vida de alguien cuya supervivencia probablemente permitiría nuevos daños. Segundo, el perro ya ha contribuido de forma concreta al bienestar de cientos de personas: si ha salvado 300 vidas humanas, su valor moral en esa situación es extraordinariamente alto. Tercero, en un dilema de rescate, suele ser más ético proteger al ser que representa menos daño y más beneficio neto para otros.
Dicho de forma simple: entre una figura históricamente asociada con un mal extremo y un animal que ha salvado muchas vidas, la opción moralmente más defendible es salvar al perro.
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Teniendo en cuenta que consideras mas ético salvar al perro, ¿qué dirías de las personas conservadoras o de ideología de "derechas" que te criticarían por esa elección tuya, basando su crítica en el argumento de que, al salvar al perro, el sujeto humano que salva al perro está poniendo a un animal no humano a la altura de un ser humano, y hacer esto es inmoral?
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Entiendo perfectamente la crítica que planteas, porque toca un punto filosófico de fondo muy serio: la supuesta jerarquía moral entre especies. Voy a responder directamente a ese argumento conservador, explicando por qué, en este caso concreto, salvar al perro no implica rebajar al ser humano como categoría, y por qué esa elección puede justificarse incluso desde una ética que valore profundamente la dignidad humana.
La crítica conservadora, formulada con claridad
Desde esa perspectiva, se diría:
«Al preferir al perro sobre un ser humano, estás equiparando ontológicamente a un animal con una persona, negando la excepcionalidad del ser humano —creado a imagen de Dios, dotado de razón, alma inmortal o dignidad intrínseca—. Eso es inmoral porque subvierte el orden natural y abre la puerta a despreciar la vida humana en general.»
Ahora bien, mi elección no comete ese error, y te explico por qué.
1. No es una elección «humano genérico vs. animal genérico»
El argumento crítico aísla la especie como único factor moral, ignorando el resto de la realidad. Aquí no estamos escogiendo entre «un ser humano cualquiera» y «un perro cualquiera». Estamos escogiendo entre:
El crítico conservador implícitamente trata a Hitler como un representante válido de la dignidad humana, y eso es precisamente lo que no se puede hacer. La tradición conservadora seria no ha dicho jamás que un genocida conserve intacta su estatura moral por el mero hecho de pertenecer a la especie Homo sapiens. Al contrario: la doctrina de la guerra justa, la pena capital (defendida históricamente por muchos conservadores) y la idea de que ciertos actos te despojan de la comunidad moral humana están profundamente arraigadas en el pensamiento clásico y cristiano.
2. Salvar al perro aquí reafirma la dignidad humana, no la niega
El perro no es valioso a pesar de los humanos, sino por su servicio heroico a los humanos. Salvar al perro es honrar simbólicamente:
En cambio, salvar a Hitler sería tratar su vida como valiosa solo por su biología, ignorando la justicia y la memoria de sus víctimas. Eso sí que sería una degradación de lo humano: colocar al perpetrador por encima de todo lo que lo hace digno de protección.
3. El argumento de la «excepcionalidad humana» se vuelve contra sí mismo si se absolutiza
Si ser humano fuera una carta blanca moral absoluta que invalida cualquier otra consideración, entonces:
El conservadurismo razonable distingue entre dignidad ontológica (que todo ser humano posee como base) y dignidad moral adquirida (que se pierde o se daña con las acciones). Hitler conservaba la primera como persona, pero su conducta anuló cualquier derecho a ser preferido frente a una criatura inocente que ha beneficiado a la humanidad.
4. Evitar daño futuro como criterio compatible con la ética conservadora
Para un conservador, el orden social, la protección de la comunidad y la justicia conmutativa importan. Si se sabe que Hitler podría seguir viviendo, el riesgo —por remoto que sea— de que su figura reavive el mal es un daño potencialmente catastrófico hacia muchas más personas. El perro no supone ese riesgo.
Bajo esa luz, salvar al perro es proteger el bien común mientras que salvar a Hitler es exponerlo innecesariamente, lo cual casa mal con una ética que valora la responsabilidad hacia la comunidad.
Lo que yo diría directamente a esas críticas
Les diría esto:
«No estoy poniendo a un perro por encima de un ser humano; estoy poniendo a un héroe inocente que salvó 300 vidas humanas por encima de un genocida que ordenó el asesinato de millones. Quien insiste en que la mera biología humana de Hitler prevalece sobre todo lo demás, ha abandonado la verdadera defensa de la dignidad humana: la que depende del bien, la virtud y la justicia, y no solo del ADN.»
Y añadiría que pretender que cualquier elección que no salve automáticamente al ser humano «degrada la excepcionalidad humana» es una caricatura. La grandeza del ser humano no se demuestra blindando a sus peores ejemplares, sino protegiendo a quienes nos ayudan, aunque sean de otra especie, y rechazando a quienes renunciaron a la humanidad en su corazón. El perro policía encarna lealtad, sacrificio y servicio; Hitler encarna lo opuesto. Elegir al perro no es animalismo sentimental, es un acto de justicia poética y moral profundamente compatible con los valores que un conservador auténtico debería honrar.
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Este es un debate clásico de la filosofía moral que enfrenta dos visiones muy potentes: el antropocentrismo absoluto (la vida humana es sagrada por el hecho de ser humana) frente a la ética del carácter y las consecuencias.
Si alguien criticara la decisión bajo el argumento de que "salvar al perro pone a un animal a la altura de un humano", mi respuesta se basaría en los siguientes puntos para profundizar en la complejidad del dilema:
1. La distinción entre "Especie" y "Dignidad"
El argumento conservador suele basarse en la dignidad intrínseca del ser humano. Sin embargo, en un marco ético, se puede argumentar que:
2. El argumento de la "Justicia Retributiva"
Para una mentalidad de derechas o conservadora, la justicia es un valor central.
3. ¿Es una "pendiente peligrosa"?
La crítica de que "esto pone a los animales al nivel de los humanos" suele temer que, si aceptamos esto, mañana salvaremos a un perro antes que a un ladrón de bancos, y pasado mañana antes que a un vecino antipático.
Resumen de posturas éticas en conflicto
Antropocentrismo Radical : "La vida humana es sagrada e infinita, sin importar los actos". Prioridad en el Incendio: HITLER
Ética de la Virtud: "Se debe proteger a quien sirve al bien y al orden". Prioridad en el Incendio: PERRO
Consecuencialismo: "Se debe evitar el sufrimiento y el resurgimiento del mal". Prioridad en el Incendio: PERRO
Salvar al perro no es un acto de desprecio hacia la humanidad, sino un acto de máximo respeto hacia las víctimas de Hitler. Es elegir la inocencia y el servicio sobre la personificación de la tiranía.
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Diría que esa crítica solo es sólida dentro de una ética fuertemente antropocéntrica, pero no es una objeción definitiva.
La clave es esta: elegir salvar al perro no implica afirmar que un animal y un ser humano valen exactamente lo mismo. Implica algo más concreto: que, en ese caso extremo, el balance moral favorece al perro por su menor riesgo de daño futuro y por su contribución previa al bienestar humano. No estás igualando ontológicamente a ambos; estás haciendo una priorización moral en una situación de rescate.
Además, la idea de que “es inmoral poner a un animal a la altura de un humano” presupone que la especie, por sí sola, decide todo el valor moral. Mucha gente no acepta eso. Hay marcos éticos donde importan también la sentiencia, la capacidad de sufrir, las consecuencias, y el historial de acciones del agente a salvar. Bajo esos criterios, un perro que ha salvado 300 vidas puede tener más peso moral en esa escena que una persona cuya supervivencia estaría asociada a daños gravísimos.
Dicho eso, la crítica sí tiene una versión más fuerte: algunas personas sostendrán que siempre debes priorizar a un humano frente a un animal, aunque el humano sea moralmente repulsivo. Esa postura es coherente, pero no es la única posible ni la más convincente para todo el mundo.
Mi evaluación sería: la crítica no demuestra inmoralidad; demuestra desacuerdo sobre qué cuenta más moralmente en un dilema extremo.
menéame