
El titular de El Mundo "400.000 familias más recurren al IMV" es falso al confundir titulares con beneficiarios del IMV. Según los últimos datos publicados correspondientes a diciembre de 2025, había 799.553 hogares en los que viven 2.441.647 personas beneficiarios del Ingreso Mínimo Vital, los que supone un incremento interanual de 125.824 titulares y de 393.892 beneficiarios.

Lo curioso es que en el propio texto del artículo si se señala que el incremento de familiares beneficiarias es de 125.800, pero alguien debió pensar que era más llamativo el titular falso.
Pablo Gil, uno de los expertos en Bolsa, trader e inversor, es fundador del fondo de BBVA, analisis técnico del Banco Santander lo dice hoy en sus redes sociales: "El gráfico muestra que la parte del ingreso total de la economía que va a los trabajadores (salarios y sueldos) está en mínimos históricos.En la práctica:
- Los salarios pesan cada vez menos en el reparto de la renta.
- Una mayor parte se queda en beneficios empresariales, rentas del capital e intereses.
- Aunque haya empleo o crecimiento del PIB, los trabajadores capturan una porción menor de ese crecimiento.
Implicaciones clave:
- Desigualdad al alza: el capital gana peso frente al trabajo.
- Menor poder adquisitivo de las clases medias si los salarios no compensan inflación y productividad.
- Consumo más frágil a medio plazo, porque el consumo depende sobre todo de salarios.
Refuerza la idea de que el problema no es solo crecer, sino cómo se reparte el crecimiento. A ver si alguien se lo explica al gobierno de España...
En resumen: la economía puede ir bien “en agregado”, pero el trabajador medio recibe una porción cada vez más pequeña del pastel.

Que sí, que la pornografía infantil es una guarrada y un delito perseguible, en tanto utiliza a menores para explotarlos sexualmente. Hasta ahí, todos de acuerdo. ¿Pero es un delito tan importante como para permitir que se use como pretexto para vigilar todas nuestras comunicaciones? ¿En qué clase de trampa moralista estamos a punto de caer?
Hay muchos delitos iguial de horribles, o incluso más, y no por eso hemos entregado nuestros derechos ciudadanos en bandeja para que nos conviertan en mascotas. Y también importa, por cierto, a quién se los entregamos. ¿De verdad porque cuatro degenerados fotografíen a niños desnudos, o creen imágenes de actos deleznables con ellos, vamos a entregar toda nuestra información a magnates y milmillonarios extranjeros? ¿Vamos a entregárselos a cualquier gobierno, nuestro o ajeno? ¿qué pensáis que van a ahcer luego con esos datos?
En un momento en que el verdadero tesoro que explotar son nuestros datos, no podemos entregar la privacidad de las comunicaciones, que será utilizada para vigilarnos, controlarnos, e influirnos, porque haya por ahí media docena de mierdas maltratando niños. Creerse que es por eso es tan naive, tan mentecato, tan toscamente meapilas que hasta los más acérrimos seguidores de Marcco, Heidi y el comeflorismo ilustrado deberían darse cuenta.
A los que quieren poder escanear nuestros mensajes, los niños les importan una puta mierda. No les importó el tráfico de armas, la corrupción, el fraude fiscal y el terrorismo, porque nunca estas lacras llevaron a pedir la intervención general de las comunicaciones. No les importó el tráfico de seres humanos, ni el de órganos, ni el acoso escolar, pero les importa que a un menor le toque la pilila ante una cámara. ¿Y nos lo creemos?
La pornografía infantil es un delito más, y ya está bien de generar estados de excepción por temas morales. La pobrez ainfantil también está ahí y nadie genera un estado toitalitario de excepción para atajarla. ¿Qué dirían los partidarios de violar nuestra comunicaciones si, para combatir la pobreza infantil, se violase el derecho a la propiedad privada y se comenzara mañana mismo con las expropiaciones?
Pues lo que intentan es eso mismo, pero apoyándose en el asco fácil, la lágrima fácil y un sentimenralismo ramplón e idiota orientado a los que sienten pero no piensan: esos hervíboros.
No podemos consentirlo. No podemos tolerarlo. Frente a los derechos civiles, cualquier delito debe importarnos una mierda: que se combata como cualquier otro delito y ya está. No hay excepciones cuando se trata de defender nuestras libertades.
menéame