
Llevan con el cuento de que las pensiones están en peligro más de 40 años. Esta es la portada del diario ABC en 1983. Desde entonces cada 2x3 repiten el mantra, las pensiones en peligro. Por una parte de esta manera la gente se apunta a planes de pensión privados, que a su vez estos planes se dedican a especular con fondos de inversión y vivienda, que suben los precios.
Via Julen Bollain

Publican en Cinco Días un artículo sobre las balizas V16 donde aseguran que su compra va a suponer que el Estado ingrese 224 millones por IVA. Para realizar el cálculo consideran un parque de 30,5 millones de vehículos y un precio medio de la baliza de 35 euros, lo que supondría un gasto total de 1.067 millones de euros. Pero ahora viene el error, ya que para saber cuanto supone el IVA pagado en total, no es hacer el 21% de esa cantidad como han hecho (1.067*0,21=224), porque en 1.067 millones es con el 21% de IVA incluido. El cálculo correcto es primero quitar el IVA a 1.067 millones dividiendo por 1,21 y luego restar este importe sin IVA al total, lo que no daría un IVA de 185 millones.

El problema de la vivienda en España no es una crisis de falta de ladrillos, sino una crisis de distribución territorial. Mientras el mapa demográfico del país se redibuja hacia un modelo de "ciudades-estado", el mercado inmobiliario responde con una polarización extrema que asfixia a los residentes locales y condena al olvido a las zonas rurales.
En 1980 la población total de España era de aproximadamente 37 millones de habitantes, y la mayor parte vivía todavía fuera de los grandes núcleos urbanos, mucho más redistribuidos por las distintas poblaciones de España. Hoy, con 49 millones, la tendencia de las últimas décadas ha sido una hiperconcentración de la población en grandes ciudades en detrimento de otros territorios que han quedado cada vez más despoblados. Esta migración hacia los centros urbanos ha contribuido a que la demanda de vivienda en esas áreas no deje de aumentar, donde ya no cabe más gente.
A menudo se dice que el problema se resuelve construyendo 500.000 casas al año. Es un análisis simplista: en España se forman 246.000 nuevos hogares anuales, pero la construcción no llega a las 90.000. Existe una brecha, sí, pero el problema real es que es físicamente imposible construir el 100% de las viviendas demandadas donde se concentra la economía, infraestructura actual y servicios. La saturación de Madrid, Barcelona o Valencia ya no permite absorber ese volumen sin degradar totalmente la calidad de vida, el transporte y movilidad de grandes cantidades de personas tal y como están diseñadas estas ciudades, siguiendo el patrón de Le Corbusier donde la zonificación es muy fuerte: ciudades dormitorio en los alrededores, barrios obreros en las afueras sin apenas empleos más allá del bar, tienda de barrio, etc, poligonos industriales y zonas comerciales y empresariales de oficinas, que implican mucha movilidad y largas distancias en mismos sentidos, saturando, colapsando todo medio de transporte.
Pero además, una gran parte de la nueva construcción ocurre lejos de los grandes centros de empleo y servicios, donde la demanda está mucho más concentrada. Esto hace que incluso cuando se construye, no se satisfacen las necesidades reales de quienes buscan vivienda en Madrid, Barcelona, Valencia y otros núcleos tensos, agravando la presión de precios, largos desplazamientos, contaminación y la congestión urbana que ya sufrimos.
Aunque la urbanización es una tendencia global, el caso de España ha sido especialmente intenso: comenzó ya en los años 50 y 60 del siglo XX de una manera poco planificada y se ha prolongado con más fuerza que en muchos otros países europeos. España es además uno de los países con mayor densidad de población en sus grandes núcleos urbanos, con un promedio que supera al de ciudades comparables en Europa. Este contraste con países como Francia o Alemania, donde incluso en ciudades importantes la densidad es significativamente menor, refleja cómo la concentración de población en unos pocos centros urbanos ha sido mucho más marcada en España.
España es uno de los países con mayor densidad urbana de Europa. Mientras que Francia o Alemania han promovido hubs regionales (Lyon, Toulouse, Lille, Burdeos, Munich, Frankfurt, Dusseldörf, Hamburgo, etc) o se han empezado a impulsar políticas de redistribución de actividad económica por diversas regiones y ciudades como el caso de la BBC en Reino Unido a pesar del peso de Londres, en España el diseño radial de infraestructuras (AVE, aeropuertos) ha actuado como una aspiradora hacia el centro, creando un desequilibrio territorial que repercute directamente en el precio de cada m².
Esta tendencia hacia la singularidad urbana no es casual, sino el resultado de un modelo que prioriza la concentración y el interés económico de unos pocos (aunque ello conlleve hacinamiento y saturación de ciudades) sobre la cohesión. Para entender cómo hemos llegado a esto, es necesario analizar los nodos de succión que están vaciando el mapa:
1. Madrid y Barcelona: Las "Aspiradoras" de Talento y Capital
Madrid y Barcelona funcionan como grandes motores de succión. Su hegemonía no es casual; es el resultado de décadas de centralización de infraestructuras (el diseño radial del AVE, el aeropuerto de Barajas y El Prat) y de sedes corporativas. El símbolo de este modelo son los grandes edificios de oficinas acristalados en la Castellana en Madrid, sus ciudades financieras como el BBVA o Santander o el distrito 22@ en Barcelona.
2. El Auge de los Nodos Regionales: Del Cantábrico al Mediterráneo
Ciudades como Bilbao, Donostia, Valencia, Málaga, Mallorca o Tenerife sufren una "tormenta perfecta". Al ser polos atractivos, combinan la presión de la población local, el auge de los nómadas digitales (profesionales europeos con sueldos de más de 5.000€ que teletrabajan desde el sol) y la inversión extranjera, desplazando al trabajador local.
3. La España de la Desinversión: El origen del desequilibrio
Mientras los precios suben en la costa y las capitales, el interior de la península y las zonas alejadas de los núcleos industriales sufren el proceso inverso.
4. El Teletrabajo como "Válvula de Escape" atascada
El freno legislativo y la mentalidad empresarial: una ley pensada para proteger al trabajador ha acabado protegiendo el presencialismo. A pesar de que la tecnología existe, la actual Ley del Teletrabajo ha generado un efecto perverso. Al obligar a las empresas a compensar económicamente los gastos del trabajador si se supera el 30% de la jornada, muchos empresarios —en un país donde la cultura del ahorro de costes y salarios bajos prima sobre el bienestar del empleado— han limitado el teletrabajo a uno o dos días semanales como mucho para no superar ese límite del 30% y no tener que pagar las compensaciones del teletrabajo a cada trabajador. Esto impide que el empleado pueda mudarse a zonas rurales o ciudades medianas, ya que sigue encadenado a la oficina la mayor parte de la semana, manteniendo la presión de demanda en las zonas saturadas.
La "Cultura del Presentismo": Persiste una mentalidad empresarial obsoleta que confunde "calentar la silla" con productividad. Muchos jefes necesitan ver físicamente al empleado para sentir que tienen el control, impidiendo que el trabajador se mude a un entorno con vivienda menos tensionada.
La tecnología actual permite que muchos de esos puestos en "edificios acristalados" se realicen desde cualquier lugar. Esto supone una oportunidad histórica para equilibrar el país:
5. La España de la Desinversión: El reto de la conectividad
Para que el teletrabajo sea la solución, el Estado debe corregir la falta de inversión en el resto del territorio.
6. Conclusión: Repartir el país para bajar los precios
El precio de la vivienda es el termómetro que nos dice que el país está "inflamado" por un lado y "anémico" por el otro. La solución no es solo construir más en las ciudades saturadas, sino desocupar las oficinas acristaladas y permitir que la gente se disperse.
Si se potencia el teletrabajo, se mejoran los caminos rurales y se recuperan los servicios de transporte, los 3.000 baserris vacíos de Gipuzkoa o las casas cerradas de Castilla dejarán de ser ruinas para convertirse en la solución real al problema de la vivienda en España.
La solución no pasa únicamente por construir más pisos en las ciudades saturadas, sino por repartir el país:
Sin un plan para "llenar" la España vaciada mediante tecnología, servicios e infraestructura, la "España saturada" seguirá batiendo récords de precios, expulsando a sus propios ciudadanos de sus barrios de origen, y se seguirán llenando tertulias, debates y artículos del problema de la vivienda día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año hasta que de una forma u otra el modelo reviente y se resquebraje por todos los lados.
menéame