
Sólo una foto que no tiene sentido hacer el proceso, es cuestión de echar cosas en una pota (olla en asturiano)
Cosas importantes a tener en cuenta:
Les fabes se ponen a remojo la noche antes y si o si tienen que ser de la granja. Es la que hace que el pote y la fabada tengan la textura que tienen.
Y las berzas tienen que bacocharse y congelarse mínimo el día anterior. Echarlas a pelo amargan.
Pues a ello vamos:
Infusionamos azafrán.
Y sacamos la berza del congelador.
En una pota, echar un chorrin de aceite y cuando este caliente una cucharada de pimentón dulce. Revolver y cuando esté echar agua y les fabes. Más el compango (la tríada: chorizo, morcilla y llacón)
El agua tiene que cubrir les fabes. Y en este punto poner el azafrán infusionado también. Y sal.
Y lo dejas a fuego bajo más menos una hora. Hasta que estén les fabines mantecoses. (Durante esta hora hay que ir desespumando)
Y ya después, echas les patatines cortadas chiquitinas. Cortas la berza chiquitina también y a la pota.
Pruebas de sal y ahí lo dejas hasta que este todo hecho. Y chim pum.
Yo lo estoy rematando ahora y hasta que se coma lo dejo en la parte que menos calienta de la cocina para que esté calentín luego.
Poco o nada se está hablando de las polémicas que han habido después de que se hayan publicado más archivos de Epstein pero da para analizar bastante. Desde la última publicación de estos archivos donde hemos visto las mayores atrocidades de la humanidad por parte de la elite de millonarios y el mossad, las polémicas que han seguido en la sociedad española e internacional estos días permite hacer una lectura entre líneas.
La siguiente polémica propuesta por Vox justo después de lo de Epstein e Israel y ellos que son los mayores defensores de Israel en el parlamento europeo, ha sido la propuesta de la prohibición del burka y la deportación de las mujeres que lo porten. Por lo que sea de que otras religiones usen atuendos opresores para la mujer, no han dicho nada. Pero que casualidad que después de la pillada al mossad con los archivos de Epstein lo que saque la extrema derecha sea enfrentarnos contra los árabes.

La siguiente polémica en redes sociales ha sido los fascistas riéndose de los musulmanes por el ramadán y celebrandolo comiendo jamón. Fantástica polémica en medio de la cuaresma de los cristianos, que tampoco comen carne estos días. Pero enfrentémonos contra los árabes, que le va bien a los israelíes.

La siguiente polémica mundial son los Therian, o gente que se cree animales, todo a raíz de un vídeo de alguien haciendo el tonto disfrazado de animal, el resto los medios cogiendo a gente que se ríe del tema y haciéndolo pasar por algo serio. La historia es que veamos que las minorías están mal de la cabeza y merecen ser humilladas, aunque sea todo a base de invent. Veamos las fotos de algunos "therian" en redes sociales, a ver que símbolos utilizan.
Ampliamos un poco más a ver que símbolo lleva en el cuello:
Y para terminar, llegando la polémica desde Argentina: Resulta que estos días están quejándose los amigos de Israel de que la semana santa y jesucristo son antisemitas. Con la consiguiente polémica en redes sociales. (Vídeo).
Vaya, que casualidad que después de una de las mayores atrocidades de la historia por la élite de billonarios y el mossad, todas las polémicas sean desde el ángulo de los israelíes y su cultura contra la del resto.

He descubierto a Apollonia Saintclair hace poco y cuando veo sus ilustraciones en Instagram me despiertan las mismas sensaciones que cuando me encontré por primera vez a Miel, la protagonista de El perfume del invisible, esa mezcla de curiosidad y vértigo que surge cuando uno presiente que está entrando en un territorio íntimo en el que el deseo no solo se exhibe, sino que también se respira. Mientras deslizo el dedo por la pantalla y me detengo en sus dibujos en blanco y negro, donde los cuerpos femeninos se enroscan en sí mismos como si custodiaran un secreto que no nos pertenece del todo, siento que la tinta no delimita únicamente contornos, sino que crea una atmósfera espesa, casi táctil, en la que la piel parece latir bajo las sombras. Hay algo en esas figuras que me obliga a mirar despacio, como si cada línea escondiera una respiración.
Cuando pienso en Milo Manara, a quien descubrí mucho antes y cuya obra me acompañó en lecturas donde el erotismo se desplegaba como un relato lleno de luz y movimiento, advierto que la comparación no surge por simple afinidad temática, sino porque ambos, aunque desde lugares distintos, convierten el cuerpo en lenguaje. Sin embargo, si Manara, con sus colores cálidos y sus tramas que avanzan como una melodía insinuante, parece invitarnos a participar en una escena donde el deseo se narra y se comparte «con un clic», Saintclair prefiere que asistamos en silencio a un rito privado. Mientras que en Manara las mujeres saben que son observadas y juegan con esa conciencia como quien maneja un espejo, en Saintclair las figuras femeninas parecen recogidas en sí mismas, entregadas a una experiencia que no necesita testigos, de modo que el espectador, lejos de sentirse dueño de la escena, se descubre como intruso privilegiado. Y es precisamente esa sensación, la de estar mirando algo que no ha sido concebido para agradar sino para afirmarse, la que me resulta más perturbadora y más seductora.
Cuando recuerdo la primera vez que abrí un álbum de Manara y sentí que el dibujo podía acariciar sin tocar (y lo dejo aquí que os conozco), comprendo que lo que me conecta con las ilustraciones de Saintclair no es solo la temática erótica, sino la certeza de que el trazo, cuando está cargado de intención puede convertirse en una forma de susurro sugerente y cálido. Si él construye historias donde el deseo avanza como una corriente visible, ella suspende el tiempo en un instante denso, en el que la sensualidad no necesita explicarse porque ya está sucediendo. Y mientras observo cómo la tinta se expande en arabescos que envuelven muslos, cabellos y miradas que no se ofrecen del todo, entiendo que lo que me atrae no es la explicitud, sino la insinuación sostenida, esa tensión delicada que, al igual que con Miel cuando apareció por primera vez ante mí, me hace sentir que el verdadero perfume no está en lo que se muestra, sino en lo que permanece, deliberadamente, a punto de revelarse
menéame