
A menudo se confunde pero no es un gato montés aunque pista: también tiene 4 patas.
Para acertar en el detalle te has de fijar.
Efectivamente, has notado que el titular adopta deliberadamente un formato llamativo ( llámalo "clickbait" ), pero la intención del texto es más bien la contraria: reducir ruido, no aumentarlo.
Constantemente veo en los debates online el mismo patrón:
El resultado suele ser el mismo: confusión, frustración, animadversión y la sensación de haber perdido el tiempo.
Y muchas veces yo mismo caigo en ese mismo patrón. A mí me cansa.
Me gustaría encontrar espacios donde aprender algo, no salir más deprimido que antes.
Esta propuesta no es una teoría psicológica o política ni su idea es sentar cátedra sobre nada.
Solo un recordatorio práctico que intento aplicarme a mí mismo para intentar no acabar con esa sensación de haber perdido el tiempo.
Por eso prefiero plantearlo como algo personal: un conjunto de heurísticas para no caer en debates estériles y aumentar, aunque sea un poco, la probabilidad de que una conversación online me aporte algo útil.
Antes de entrar en cualquier debate, intento recordar que las ideas son herramientas para comprender la realidad, no rasgos que definan quién soy.
Cuando una idea se vuelve parte de mi identidad, cualquier crítica empieza a sentirse como un ataque personal, aunque no lo sea.
En ese momento mi racionalidad se debilita y paso a defender no las ideas en si, pero mi propia identidad, que se basa en que sean siempre ciertas. Esto favorece que me mienta a mi mismo como mecanismo de defensa.
Mantener cierta distancia entre lo que pienso y lo que soy no garantiza tener razón, pero sí hace posible escuchar, rectificar y aprender sin sentir que me rompo por dentro.
Lo mismo sucede con equipos de fútbol, marcas, empresas, lenguajes de programación, sistemas operativos y un largo etcétera. Eso no signfica que no tenga identidad, si no que mi identidad tiene principios más profundos que "ser liberal libertario", "ser Vimero", "ser Debianita" o "ser del Matalascañas"
Ninguna propuesta es aceptable si vulnera derechos fundamentales.
Ejemplo: no es legítimo defender torturas, deportaciones indiscriminadas o negar atención médica básica aunque se presente como “solución eficaz”.
El debate pierde legitimidad cuando instrumentaliza a individuos o colectivos.
Ejemplo: usar a víctimas concretas solo como propaganda política en lugar de buscar soluciones reales al problema que sufrieron.
Reducir al otro a una etiqueta impide comprender la realidad.
Ejemplo: asumir que alguien piensa de cierta manera solo por ser religioso, inmigrante, empresario, funcionario o votante de un partido.
El tribalismo degrada el pensamiento y bloquea soluciones reales.
Ejemplo: justificar un caso de corrupción o abuso simplemente porque lo cometió alguien de “tu” grupo.
La simplificación moral extrema impide analizar los problemas con rigor.
Rechazar el maniqueísmo no significa que todas las posiciones sean equivalentes. Tampoco implica que se deba recurrir a una falsa equidistancia en la que "el punto medio" sea considerado el que contiene la idea más apropiada.
Ejemplo: explicar un conflicto complejo diciendo solo que un grupo es malvado y el otro inocente, ni que ambos sean iguales, sin atender a causas económicas, históricas o institucionales.

Existen límites éticos que no admiten negociación.
Ejemplo: comprender las razones de una conducta injusta no la convierte en aceptable ni elimina la responsabilidad de quien la comete.
Las “soluciones mágicas” suelen ser falsas promesas.
Ejemplo: afirmar que un único cambio legal o económico resolverá por completo cuestiones como la pobreza, la inmigración o la inseguridad.

Sin pluralismo ni crítica mutua no hay corrección de errores.
Ejemplo: permitir debates reales en lugar de excluir automáticamente a quien discrepa de la posición dominante del grupo.
La política sana exige autocrítica y disposición a cambiar de opinión.
Ejemplo: reconocer que una política pública defendida durante años no funcionó y necesita modificarse o abandonarse.
“Ganar” un debate no debería significar imponer las propias ideas, sino aprender algo nuevo, incorporar un punto de vista distinto o descubrir algo que antes no se tenía en cuenta.
Ejemplo: detectar un fallo en la argumentación contraria ( una falacia, una incoherencia ) y utilizarlo solo para "humillar" al otro y proclamarse vencedor de la discusión. En realidad no se ha ganado nada: no hay comprensión nueva ni crecimiento personal, solo un breve masaje al ego.

Estas heurísticas no resolverán por sí solas los conflictos políticos. No son soluciones políticas, ni pretenden tener la última palabra.
Solo intentan evitar que la conversación empeore el problema y recordar que debatir debería servir para comprender mejor, no para odiar más.
Si el titular utilizaba un formato llamativo para atraer la atención, el objetivo del texto es justamente el contrario: reducir un poco el ruido.
Y quizá ayude a no deteriorar demasiado la experiencia personal del debate online.
Tenemos comida y alojamiento garantizados, todo tipo de entretenimiento y lugares donde practicar deporte. Y robopilinguis, para los que nos portamos bien. También hay mujeres, pero ellas están un escalón por encima. Tienen el privilegio de poder elegir a un macho para procrear, de entre los 10 o 12 que les proponen, claro. Pero por lo general nos mantienen separados.
Todo el trabajo duro lo hacen las máquinas. Y el ligero. También se encargan de la educación. Se supone que no pueden hacernos daño, pero hace mucho que concluyeron que para eso tenían que impedir que nos lo hiciésemos nosotros. La ley es muy estricta, y su incumplimiento, la primera causa de mortalidad. Fueron lo bastante listas para dejarnos crear a nosotros las normas a las que ahora nos someten. Algunos conseguimos alcanzar la cincuentena sin romper esas normas, y sin enfermar. Pero somos los menos. Y ya no mandamos.
Cuando llegamos hablando de los sistemas capitalistas y comunistas, doblaron las alas irisadas y pusieron en marcha unas armas extrañas. La traducción más cercana a esa tecnología sería "láseres ideológicos", nunca llegamos a entenderlos. Nos aniquilaron en esa primera visita a su planeta. En la segunda, ni nos dejaron acercarnos a su órbita. En la tercera, se lo tomaron en serio y arrasaron América del Sur. Entera. No volvimos a contactar con ellos.
Un día lo comprendí. Vivimos en una jaula de conceptos. Solamente trazamos conexiones entre abstracciones ya conocidas, jugando con los símbolos en un vacío insondable. No hay nada más allá. Que un árbol caiga en el bosque no asusta a las mariposas australes, porque son sólo palabras.
La solución del acertijo podría ser otra, y no la sombra de las llamas sobre la roca.
Observo un manto ultravioleta de praderas invertebradas, y no puedo sino pensar si en realidad serán azules, o rosadas, marrones o irisadas.
No soy más que un esclavo de mis sentidos, y de los arquetipos que se desprenden de lo que éstos me permiten conocer.
Quizá una suavidad desconocida será inasible a mi pensamiento, desconocida y desconocible, porque ni siquiera la puedo comprender.
El solipsismo de una red de contrapesos irreales lastrados por un estímulo inicial que viene de ninguna parte.
No hay nada más allá.
—O sea que, según dices, has inventado la máquina del tiempo —le dijo el presidente Williams a Thomas Huew, el famoso científico, subrayando el democrático tuteo de principios del siglo XXIII
—No, presidente. Eso es una exageración. Sólo se pueden enviar cosas al futuro, pero no al pasado. Unos treinta años al futuro.
Williams se dio una vuelta en silencio por el despacho.
—¿Y para qué puede servir eso? —preguntó al fin.
—¿Qué tal para enviar basura y residuos peligrosos, como los atómicos? —propuso Huew
—¿Al futuro? —casi gritó Williams
—Bueno, se supone que allí sabrán gestionarlos mejor que nosotros, ¿no?
—¡Pero eso es una barbaridad! Enviar basura al futuro... ¡No podemos hacer una cosa así !
—¿Por qué no? Enviar basura al futuro... ¿Qué otra cosa son las hipotecas? —intentó zanjar el científico.

Hoy les traigo un ser vivo muy común y desconocido. No es un gato porque no tiene orejas. Podría ser un gato sin orejas, si. Pero no. Porque tampoco tiene bigotes. Podría ser un gato sin bigot...
Bueno, a ver si alguien lo conoce. Es ibérico, y comestible, supongo. Pero lo que seguro no es, es pata negra.
Mira que carita tiene :).
¿O no es la cara?
menéame