Han salido estos días unos cuantos artículos tranquilizadores, explicándonos que las reservas de petróleo son mucho mayores de lo que se decía, y que contando las flotas en la sombra, el contrabando, y lo que muchos productores tenían oculto, el momento de las restricciones puede posponerse hasta Junio o Julio, y en algunos casos hasta bastante más allá.
Me parece estupendo que, por una vez, se trate de tranquilizar a la gente en vez de meter miedo, peor la cuestión es que el estrecho de Ormuz es un cuello de botella para muchos otros productos, aparte del petróleo.
En primer lugar, por el estrecho de Ormuz transita una quinta parte de todo el gas natural licuado (GNL) que se consume en el mundo. En estos momentos nos dirigimos hacia el verano en el hemisferio norte, y la parte correspondiente a la calefacción puede esperar, pero no tanto la parte que utiliza la industria. Aún así, los precios siguen bajando, por razones que no e smomento de analizar ahora.
En segundo lugar, tenemos el azufre, que se emplea en multitud de procesos agrícolas e industriales. Casi un tercio de la producción mundial depende del estrecho de Ormuz. Uno de los procesos más importantes es la obtención de ácido sulfúrico, crucial par la minería del cobre. Si el azufre, que ya se ha encarecido más de un 50% en los dos últimos meses, empieza a escasear o se encarece aún más, tenemos un problema d eprimera magnitud.
Peor es aún el caso de los fertilizantes, de los que también un tercio, aproximadamente, dependen de esa ruta. La escasez de fertilizantes puede afectar a las cosechas del próximo años, generando una subida de precios de los alimentos.
En el caso del aluminio, el 10% de la producción mundial pasa por el estrecho de Ormuz y su precio también ha subido sensiblemente, encareciendo muchos productos, en especial los materiales de construcción.
Aunque hay más, como el metanol, el más importante de los que faltan es el helio, que depende en alrededor de un 40% a nivel mundial de su tránsito por Ormuz. El helio es fundamental para la producción de componentes electrónicos, y su escasez puede convertirse en un problema casi tan grave como el del petróleo.
Así que vale, oye, puede que las reservas de petróleo se puedan estirar más de lo previsto, pero el problema se sigue agravando cada día que el estrecho de Ormuz sigue cerrado. Y mucho me temo que mientras esto no se note en los mercados financieros, a los que mandan les va a importar un carajo. Porque sí, estamos en un mundo en el que la cola menea al perro. Así son las cosas.
Tal y como muchos esperaban, la nueva epidemia de hantavirus acabó con el capitalismo.
Ayer jueves, se declaró día mundial de la economía cooperativista, marxista y colectiva, una vez que el capitalismo fue completamente arrasado por un virus que empezó en un crucero vacacional para extenderse rápidamente a los mercados de valores, afectando muy en especial a la deuda soberana y los fondos de inversión.
Los medios de producción son ahora propiedad del pueblo, representado por los burócratas, que bajo ningún concepto se reservarán para sí mismos la mejor parte ni administrarán lo de todos pensando en primer lugar en sus propios apetitos e intereses.
Este efecto secundario, similar al COVID persistente, afecta fundamentalmente a funcionarios públicos, políticos, y administradores de fincas, y varias universidades anglosajonas y africanas estudian en estos momentos los indicios de que el virus pueda, a nivel molecular, modificar los resultdos ofrecidos por la inteligencia artificial.
La Renta Básica Universal se empezará a implantar, sin subida de impuestos, a partir de la semana que viene.
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