Hermógenes se pegó un tiro cuando supo que su mujer se iba con otro. Con un hombre casado además.
En realidad no fue todo tan rápido: llevaba siete años casado con Helena y todo iba bien, o eso le parecía a él.
Todo era armónico. No eran ricos pero llegaban a fin de mes sin apreturas. Se acatarraban de cuando en vez pero no padecían peores enfermedades. Discutían lo bastante para no aburrirse pero no tanto como para irritar a los vecinos.
Todo iba bien, pero falló algo.
Nunca supo cómo conoció ella a Ulises. Ulises vivía en un ciudad a doscientos kilómetros de la suya y era médico pediatra. Hermógenes se resignó al abandono de Helena, hizo las maletas y se presentó en casa de Ulises, sabiendo que él no estaría. Lo recibió Andrea, la esposa abandonada, y compartieron la tarde intercambiando amarguras, soledades y orgullos maltrechos.
Antes de irse, Hermógenes le propuso a Andrea que se fuera a vivir con él. No podía ser de otro modo.
Andrea se negó escandalizada y Hermógenes no pudo entenderlo. Para él, aquello era la destrucción de todo lo que era y todo aquello en lo que creía.
Por eso escribió una carta contando lo que le había sucedido y se pegó un tiro.
Sus amigos de la Sociedad Matemática sufragaron su lápida, grabada con unas pocas palabras:
HERMÓGENES
(1968 - 2009)
BIYECTIVO
- Pili, cariño, hoy te acompaño al acostarnos. No voy a quedarme escribiendo hasta tarde.
- Ah, ¿sí? ¿De verdad? Pues mira, hoy no hay tema.
- ¿Cómo lo sabes? ¿Al final me has hecho caso? ¿Te has conectado a Menéame?
- Juanillo, tú eres tonto.
«Si no toleramos un rey como poder político, tampoco debemos tolerar un rey en la producción, el transporte y la venta de ninguno de los productos básicos para la vida. Si no nos someteríamos a un emperador, tampoco debemos someternos a un autócrata del comercio con poder para impedir la competencia y fijar el precio de cualquier producto».
John Sherman* (1823 – 1900). Senador estadounidense republicano.
* Autor de la Ley Sherman Antitrust, la primera ley contra los monopolios promulgada en EE.UU.
Pues en esfuerzo, ánimo & industria béllica, los caualleros de agora exceden á los antiguos sin comparación. ¿Qué exército de grandes millones de gentes de Darío, ni Creso, ni Xerxes se atreuiera á acometer lo que agora con mucha facilidad vence vn pequeño esquadrón de españoles? ¿Qué tiempo pasado se puede comparar con la brabosidad con que quatro mil españoles vencieron en África la Goleta y el reyno de Túnez? ¿E de los ochocientos que desbarataron á ocho mil turcos quando Su Magestad estaua en Alemaña, en la ciudad de Viena? ¿Y en aquellas victorias de Pauía? ¿Qué Julio César, Alexandro ni Cypión fué más belicoso que nuestro Emperador Carlos? ¿Qué Haníbal fué más industrioso en la guerra que Antonio de Leyua? ¿Qué Pyrrho fué más animoso por el mar que Andrea Doria? ¿Quál Marcelo, Alciuiades ni Milciades fué de más ardid que Barbarroja? ¿Quál Hércules ni Theseo más diestro que Diego García de Paredes? ¿Quál antiguo nunca peleó tan sin nunca se cansar como el rey Francisco de Francia que agora es? ¿Qué capitanes ouo nunca como el Próspero Colona y don Hernando de Aualos, marqués de Pescara, cuya industria y ardid se puede saber por las auentajadas victorias que ouieron con muy pequeños exércitos, los quales si fueran yguales en número con aquéllos que leemos de Cyro, Alexandro y Xerxes, fuera fácil cosa subjectar este pequeño mundo y avn los infinitos mundos que Demócrito escriue que ay?
Cristóbal de Villalón, Ingeniosa comparación entre lo antiguo y lo presente, 1539.
menéame