Se encaprichó de la chica con el pelo de Amélie que siempre veía sola en el gastro-bar donde hacían catas de cerveza artesanal, el que sustituyó a la tasca de toda la vida. Con su aspecto de “normie” poco podía hacer. “Renovarse o sufrirlo en soledad”, pensó.
Lo primero que hizo fue dejarse barba, pero a los cuatro días parecía que se había estado morreando con un tapiz, así que se afeitó.
Le pagó una morterada a un peluquero bigotudo y con tatuajes, pero al día siguiente parecía más un soldado alemán peinado por la onda expansiva de un proyectil que un entusiasta del cine de Kaurismäki.
Se compró monturas nuevas para las gafas, pero la pasta castigaba sus orejas de soplillo.
Rescató de una caja la Rolleiflex del abuelo, pero no sabía abrir la tapa para meter el carrete.
Decidió echarle valor y tirar de labia, así que se puso una camiseta vieja y unos vaqueros, y se fue en busca de Amélie.
Allí la encontró. Pidió dos cervezas de arándanos y entró a matar. A ella le gustó su camiseta de Matutano, pero le aburrió su parloteo.
—¿Todo esto se lo has preguntado a ChatGPT para impresionarme?—le interrumpió Amélie.
—¿ChatGPT?—contestó él haciéndose el indignado—¡Yo solo consulto la Enciclopedia Encarta!
La especialidad filtrada en V60 con fermentación anaeróbica consiguió que rozaran las manos. Sonrieron. Salieron a la calle. Bajo la lluvia, un portal los juntó demasiado; el beso fue breve y prometedor. La noche, para beber despacio y prestar atención. Limpia, delicada y expresiva. Cuerpos ligeros sin acidez. Brillantes.
Antes, en el lounge, bebía craft beer, pero desde que se hizo mainstream siempre pido Cruzcampo.
Barrio de El Born, 2:30 de la madrugada.
- Le estaba contando a Ramiro lo de las sensaciones. Es que matar a alguien tiene muchas capas, no es simplemente cargárselo y ya. Es una proyección y una declaración de intenciones. Tiene su vibra, en plan una experiencia orgánica total. De algún modo tú estás siendo el que mata y la víctima, es un espejo en el que te miras para afirmarte ¿sabes? Es muy fuerte. Y va el tío y me dice: "Lo de la navaja es muy mainstream, yo lo de Jack el Destripador lo hacía cuando era chaval, pero si te quedas ahí y no evolucionas es todo aburrido. Eso antes molaba, ahora es muy charca".
- ¿Te parece normal lo que me suelta?
- Qué mal, tío.
- Tremendo gilipollas
Las dos figuras se alejan. Callados van pensando en el outfit con el que matarán mañana.
menéame