Pues sí, oye: después de 45 años de secretismo, la montaña parió un ratón.
¿De verdad han mantenido en secreto estos papeles durante 45 años? ¿Qué demonios nos han aportado que no fuesen cuatro chorradas para las revistas de la víscera húmeda y tres tontadas para forofos muy cafeteros?
Nada.
Tras echarle un vistazo a los documentos desclasificados le queda a uno la impresión de que nos han tomado el pelo, de que han escamoteado lo importante, de que todo lo que vemos ha sido mil veces filtrado y expurgado, y de que lo verdaderamente interesante no estaba por escrito o ha ido desapareciendo en una especie de naufragio de humo y niebla, al estilo de Walther Nebe y su Gestapo, convertida en CIA por la Gracia de Dios.
La conslusión que uno saca es que lo sabía todo el mundo, que todo el mjndo participaba, y que todos los partidos estaban a ver qué tajada le sacaban a la cuestión, empezando, desd eluego, por Fraga y su AP, pasando por todos los medio conservadores y acabando por ciertas fuerzas progresistas que no le hacían ascos al posible rédito político de una revuelta incruenta, al estilo performance decimonónica. Sólo fató que Tejero entrase a caballo, como Pavía, y que dijesen una misa dentro.
En este circo, me temo que los trapecistas son de plantilla y los payasos están entre el público.
Manda carajo.
Si visteis el discurso de la "estado de la nación" de Trump ayer por la noche no habéis dormido bien. No pude quitármelo de la cabeza en todo el día, pero no por el contenido político en sí sino por la puesta en escena en el Congreso. Me recordó muchísimo a las imágenes que nos ilustra Antonio Scurati, el escritor napolitano, en su serie M.
Es esa sensación de que el Parlamento ha sido tomado por una especie de bestialidad. No son hombres disfrazados con cuernos, como los tristes hechos de hace poco más de cinco años, sino políticos que supuestamente han sido votados para resolver los proviene de sus votantes. Ya no hay política de verdad, de esa que busca soluciones; no hay debate, ni siquiera un intento de discutir los problemas reales de la gente. Hay demagogia, niñas de seis años expuestas, y equipos se hockey ganadores de medallas celebrados por los ultras. Todos ellos blancos y anglosajones por supuesto. Lo que vimos fue puro escarnio y espectáculo por un lado, y por el otro, una parte de la cámara absolutamente escandalizada, sin saber cómo reaccionar ante el rugido.
Es tristísimo ver cómo esta decadencia se asemeja cada vez más a la Roma de los años 20 y 30. Afortunadamente en Estados Unidos no estamos viendo la violencia física sistemática que desangró a Italia en aquella época (todavía). Pero el escenario, la estética y ese desprecio por las formas democráticas son un calco.
Estamos pasando de la oratoria al grito, y del argumento a la humillación del contrario. Si no habéis leído M, hacedlo; da miedo ver cómo lo que Scurati describe como el fin de una era en Europa se parece tanto a lo que se proyecta hoy en nuestras pantallas.
Aunque hay que decir en honor a la verdad que Mussolini no era un pedófilo, empresario fracaso estrella clown del show business de su época. Hasta en eso hemos ido a peor.
menéame