Las normas las de siempre el primero se lleva la cara de su retrato con un 6 y un 4:

Vale, el Congreso ha rechazado la propuesta de referéndum para decidir si queremos salir de la OTAN, pero estaría bien saber si lo que han decidido los políticos que nos representan es lo que quiere la mayoría de la gente. Creo que sería muy interesante realizar un referéndum electrónico para conocer la opinión general. Mi opinión es que mientras esté EE.UU., estamos mejor fuera.
En un libro de Peter Freuchen que leí una vez», escribe Fanshawe, «el famoso explorador del Ártico cuenta que quedó atrapado por una tormenta de nieve en el norte de Groenlandia. Solo con sus víveres disminuyendo, decidió construir un iglú y esperar a que amainara la tormenta. Pasaron muchos días. Temeroso, sobre todo, de ser atacado por los lobos —porque les oía merodear hambrientos junto al tejado de su iglú—, periódicamente salía fuera y cantaba a pleno pulmón para asustarlos. Pero el viento soplaba furiosamente, y por muy alto que cantase, lo único que oía era el viento. Sin embargo, si bien éste era un problema grave, el problema del propio iglú era mucho mayor. Porque Freuchen empezó a notar que las paredes de su pequeño refugio iban gradualmente cerrándose sobre él. Debido a las peculiares condiciones atmosféricas en el exterior, su aliento literalmente congelaba las paredes y con cada respiración éstas se volvían más gruesas y el iglú se hacía más pequeño, hasta que finalmente casi no quedaba espacio para su cuerpo. Ciertamente es aterrador imaginar que tu propia respiración te va metiendo en un ataúd de hielo, en mi opinión, es considerablemente más angustioso que, digamos, El pozo y el péndulo de Poe. Porque en este caso es el hombre mismo el agente de su destrucción y, además, el instrumento de esa destrucción es precisamente lo que necesita para mantenerse vivo. Porque ciertamente un hombre no puede vivir si no respira. Pero al mismo tiempo no vivirá si respira. Curiosamente, no recuerdo cómo consiguió Freuchen escapar de aquella apurada situación. Pero no hace falta decir que escapó. El título del libro, si no recuerdo mal, es Aventura Ártica. Hace muchos años que está agotado.
Trilogía de Nueva York, Paul Auster.
Probablemente, la calva más querida de España. Aunque es cierto que, cuando era veinteañero (no hace demasiado), no estaba del todo calvo, pero ya daba señales inequívocas de que iba a formar parte en breve del club de los sin-peine.

En la España de 2026, el debate sobre la vivienda se ha estancado en un bucle infinito: construir más o limitar precios. Sin embargo, ambas soluciones son parches para una herida mucho más profunda: una centralización asfixiante y abandono de muchas áreas que obliga a miles de titulados y especialistas a hacinarse en dos únicas ciudades, Madrid y Barcelona, para poder ejercer su profesión. Una tendencia que, en menor medida pero con igual agresividad en los precios, ya están replicando nodos como Málaga, Valencia, Donostia, Bilbao, etc..., asfixiando las opciones de la clase trabajadora en casi todo el arco mediterráneo y el norte. Mientras otros países han entendido que la salud de una nación reside en su red, España insiste en ser un embudo.
El problema no es solo que en las grandes ciudades haya más trabajo; es que hay trabajos que solo existen allí. La centralización masiva de estudios superiores, administraciones, especialidades médicas, ingenierias y técnicas junto con la concentración sedes corporativas crea una migración forzosa. Un ingeniero aeroespacial o un analista de datos difícilmente encontrarán su nicho en una capital de provincia media. Esta "fuerza centrípeta" vacía de talento el resto del territorio, saturando un mercado inmobiliario que ya no da más de sí. Construir más pisos en Madrid no solucionará que el 60% del talento joven del país compita por el mismo metro cuadrado.
Para entender la magnitud de la brecha, miremos los números reales. Con un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) consolidado en torno a los 1.221 € netos (en 12 pagas), la capacidad de acceso a la propiedad es una historia de dos mundos. Tomemos como ejemplos dos de las múltiples ciudades pequeñas y medianas de España para compararlas con Madrid:

La misma tabla con salarios medios locales:

Incluso con las ligeras subidas de precios en las ciudades periféricas, estas siguen estando a "años luz" de las capitales. El drama es que un trabajador en Puertollano tiene calidad de vida pero carece de oferta cualificada, mientras que en Madrid tiene la oferta pero vive en la precariedad financiera permanente, trabajando exclusivamente para pagar el techo.
¿Por qué no se soluciona esto si la tecnología lo permite? La respuesta está en la presión de los lobbies inmobiliarios y hosteleros.
Esta resistencia frena una descentralización administrativa y empresarial real, manteniendo a los trabajadores cautivos de un modelo presencialista que solo beneficia al propietario del suelo, no a la productividad del país ni al bienestar del empleado.
A diferencia de España, países como Francia han entendido que el éxito de una capital no requiere que todo el mundo viva en ella. En los últimos años, Francia ha impulsado hubs tecnológicos en ciudades como Lyon, Toulouse o Burdeos. Aunque la sede fiscal permanezca en París para engordar el PIB nacional (y de la capital), los centros de trabajo están redistribuidos, y los estudiantes pueden especializarse en universidades de élite repartidas por todo el territorio sin verse obligados al exilio económico en la capital. Toulouse: El gigante Aeroespacial; Grenoble: El "Silicon Valley" de los Alpes; Burdeos (Bordeaux): De los vinos a la Ciberseguridad; Niza - Sophia Antipolis: El precursor europeo (A pocos kilómetros de Niza se encuentra Sophia Antipolis, el primer parque tecnológico creado en Europa hace ya 50 años con especialidad en Inteligencia Artificial, Biotecnología y Telecomunicaciones); Lyon: Química y Farmacia;
O universidades en todo el país como la Université de Strasbourg (Estrasburgo), Université de Toulouse (Toulouse), Université d'Aix-Marseille (Marsella/Aix), INSA Lyon (Lyon), Université de Montpellier (Montpellier) una de las más antiguas del mundo (fundada en el siglo XIII) pero puntera en el siglo XXI.
En España hay tambien univerisades en otras provincias, pero mucho mas limitadas en cuanto a investigacion y la diferencia fundamental es que, mientras en España las universidades de provincia actúan como "exportadoras de titulados" hacia Madrid y Barcelona, en países como Francia, Alemania o UK funcionan como "imanes de talento" gracias a una especialización extrema vinculada a sedes operativas reales. En el modelo europeo, no se trata de tener muchas universidades generalistas, sino de que la mejor facultad de aeronáutica esté físicamente pegada a la fábrica de Airbus en Toulouse, o la de automoción junto a Mercedes en Stuttgart; por el contrario, en España el talento cualificado se forma en provincias para terminar desplazándose a la capital, porque es allí donde reside el poder de decisión y las oficinas centrales, convirtiendo a la universidad periférica en un simple trampolín hacia el hacinamiento y la precariedad inmobiliaria de las grandes metrópolis.
Alemania, con su diseño "mallado", es el ejemplo máximo de eficiencia: la industria pesada está en Baviera y Baden-Wurtemberg, las finanzas en Frankfurt, la política en Berlín y los medios en Hamburgo. Nadie se ve obligado a morir financieramente en una sola ciudad para tener éxito profesional.
El sistema centralizador español está en un punto de no retorno. La presión de la especulación y la inversión en vivienda ha convertido las capitales en parques temáticos para el capital y el turismo, expulsando a la fuerza de trabajo que las hace funcionar.
La salida no será opcional, sino forzosa. Si el Estado y las empresas no imponen el teletrabajo y la descentralización de instituciones —como ya hacen Reino Unido o Francia con la relocalización de agencias estatales—, el sistema reventará por falta de relevo generacional. La descentralización no es una medida romántica para "ayudar a los pueblos", es la única forma de salvar a Madrid y Barcelona de su propia voracidad inmobiliaria.
Si justo antes de morir a mí me dieran la oportunidad de hacer las preguntas que quisiera a un oráculo mágico, que este oráculo me ofrecería las respuestas verdaderas que yo desease para morir tranquilo, le haría las siguientes once preguntas:
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SOBRE LO FÍSICO:
1º) ¿Cuál es el fundamento primero de la realidad, la "causa primera"?
2º) ¿Cómo se compatibilizan la física cuántica y la física relativista?
3º) ¿Qué es realmente lo que conocemos como "materia oscura"?
4º) ¿Qué es realmente lo que conocemos como "energía oscura"?
5º) ¿Cómo y por qué ocurrió lo que conocemos como "Big Bang", en el marco de la estructura global de todo lo que existe?
6º) ¿Cuál es el futuro o destino último del universo, en el marco de la estructura global de todo lo que existe?
SOBRE LO VIVO:
7º) ¿Cuál es el verdadero origen físico-químico de la vida, del fenómeno biológico? ¿Qué proceso o conjunto de procesos físico-químicos mínimo necesario constituyen el origen absoluto de la vida?
8º) ¿Hay, ha habido o habrá vida, aunque sea no inteligente, en otros lugares del universo distintos del planeta Tierra, que sea distinta de la vida del planeta Tierra? Y si la hay, ¿cómo de frecuente o abundante es, tanto en el espacio como en el tiempo?
SOBRE LO INTELIGENTE:
9º) ¿Qué es exactamente, en su origen, lo que conocemos como "inteligencia"? ¿Cuál es el auténtico "algoritmo básico" de la conducta inteligente? ¿Se limita a aprender y a aplicar lo aprendido en beneficio propio?
10º) ¿Hay, ha habido o habrá vida inteligente en otros lugares del universo distintos del planeta Tierra, que sea distinta de la vida inteligente del planeta Tierra? Y si la hay, ¿cómo de frecuente o abundante es, tanto en el espacio como en el tiempo?
SOBRE MATEMÁTICAS:
11º) ¿Cómo se fundamentan las Matemáticas de manera verdaderamente rigurosa e inobjetable?
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Si antes de morir todavía me quedase algo de tiempo para digerir intelectualmente las verdades sobre esas cuestiones reveladas por el oráculo, creo que al final, al retirarme mentalmente para contemplar el bosque en su conjunto, me quedaría una impresión de que todo, absolutamente todo es un mero proceso mecánico, que se sentiría como lógico, simple, natural y humilde. Y esto, a un mismo tiempo, me resultaría tan satisfactorio como vertiginoso y aterrador.
menéame