Todo organismo vivo compite por los recursos con el resto de organismos vivos siguiendo una sencilla regla también aplicada a humanos.
Yo contra mi hermano. Yo y mi hermano contra mi primo, yo mi hermano y mi primo contra los demás.
Esta regla es inherente a la vida y se refleja claramente en el capitalismo y las organizaciones y estructuras humanas.
Yo, Familia, Ciudad, Comunidad, Pais, Religion, etc...
El individuo o grupo que tenga mas energía/recursos, sera capaz de sobrevivir con mayor facilidad que los que no tenga acceso a ellos.
Esto nos deja lo siguiente:
La única solución posible, es eliminar por completo nuestros instintos mas básicos y alcanzar un acuerdo sobre la cantidad de energía que puede consumir cada habitante o país y no permitir a aquellos que no lo limiten el hacerlo, antes de que sea mas fuertes que los que si cumplen esa norma.
I.E. Algo similar a limitar artificialmente las necesidades energéticas. X KW por habitante y X KW por superficie de país.
Y el problema es que no se pueden eliminar los instintos mas básicos que dan lugar a nuestra supervivencia, podemos verlo claramente en el "no tener sexo" de los curas. Siglos intentándolo sin éxito.
Además de ser una de las calvas más admiradas en Menéame (o eso parece)... ¿Quién será?

Una para los melómanos y amantes del jazz.

En el programa del 30 de abril de 2026 de 'La hora de La 1', la periodista Silvia Intxaurrondo lanzó una reflexión que invita a replantear el modelo de desarrollo territorial español: en lugar de seguir concentrando inversiones y población en Madrid y Barcelona, ¿no sería más eficiente descentralizar hacia otras regiones?
El minuto 56:30 del 'La hora de La 1' del 30 de abril dejó sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿por qué seguimos concentrando todo en Madrid y Barcelona en lugar de descentralizar? La respuesta del plató fue, directamente, ninguna.
Concretamente Silvia Intxaurrondo interviene el debate con esta magistral intervención: "Con lo que planteas tu del alcalde de Madrid, ¿no?, ¿y por qué no descentralizamos? Es decir, en vez de traer más gente en condiciones de estar mas apretujadillos, ¿por qué no sacamos instituciones que sólo están en Madrid o en Barcelona a otros lugares despoblados?, ¿no?, Y además así se reparte, quiere decir, que el debate puede ser otro, ¿y si repartiesemos por toda España en vez de estar todos apiñados en el mismo lugar y decir ¿cuántos más cabemos? Repartamos un poco, también puede ser el debate"
Minuto 56:30 aproximadamente:
www.rtve.es/play/videos/la-hora-de-la-1/30-04-26/17048116/
Silvia Intxaurrondo lanzó el anzuelo con claridad. Frente al problema estructural de la España vaciada y la presión insostenible sobre las dos grandes urbes, planteó una alternativa lógica: llevar administraciones, inversiones y oportunidades a otras zonas menos pobladas. Desconcentrar, en lugar de seguir densificando dos puntos del mapa hasta reventarlos.
El argumento no es nuevo, pero en un programa de máxima audiencia y con supuesta vocación de análisis profundo, la periodista abría una puerta a repensar el modelo territorial. La pregunta era: si el problema de Madrid y Barcelona es que todo el mundo quiere vivir allí porque allí está todo, ¿por qué no movemos "el todo" hacia ellos?
Lo que ocurrió después es, probablemente, lo más revelador del debate. Ningún tertuliano recogió el guante. Ni uno. El tema de la descentralización —que afecta a vivienda, empleo, desarrollo regional, sostenibilidad y calidad de vida— se evaporó en el aire, como si hablar de reubicar sedes ministeriales, agencias estatales o incentivos fiscales para empresas fuera una entelequia o, peor aún, un tema menor.
En cuestión de segundos, la conversación derivó hacia el terreno de siempre: el "erre que erre" de los alquileres, los precios desbocados y la falta de VPO. Temas reales, sin duda, pero ya trillados hasta el aburrimiento. Mientras se discutía si tocar o no la ley de vivienda o si las comunidades de propietarios son malvadas, la idea de fondo —descentralizar para no necesitar tanta VPO en Madrid— quedó sepultada.
Intxaurrondo no insistió. El formato no se lo permite, o quizás sintió el desierto a su alrededor. Y el debate perdió la única chispa de originalidad que había tenido en semanas. Porque plantear que la solución a la masificación no es construir más en los mismos sitios, sino construir oportunidades en otros lugares, es poner el dedo en una llaga que nadie quiere tocar.
Descentralizar implica mover poder económico y político. Significa que algún ministerio salga de Madrid, que una agencia europea se instale en Teruel o que un gran centro logístico elija León antes que el Corredor del Henares. Y eso, sencillamente, no interesa ni a los grandes grupos inmobiliarios ni a las autonomías que viven del centralismo de facto.
El resultado fue un debate cojo: se habló de los síntomas (precios altos, falta de vivienda) pero no de la causa estructural (sobredemanda provocada por una hiperconcentración absurda). Y mientras los tertulianos reciclaban sus monólogos sobre alquiler vacacional y okupación, la propuesta de Intxaurrondo quedaba reducida a un "minuto de oro" que nadie supo aprovechar.
Al final, la sensación es agridulce: el problema se nombró, pero nadie quiso discutirlo. Y España seguirá echando horas de vuelo a un debate territorial del que todos hablan pero nadie aborda de verdad.
menéame