Durante muchos siglos, el feudalismo se nos ha presentado como un sistema económico atrasado, ineficiente y hasta profundamente injusto. Sin embargo, si mantenemos la cabeza fría, conviene preguntarse si alguno de sus mecanismos podrían en realidad ofrecernos lecciones interesantes para aplicar en la actualidad.
El feudalismo resolvía muchos de los problemas fundamentales de la organización económica. ¿Cómo? mediante una estructura muy simple que explicaré como siempre en unos puntos:
Primero) Estabilidad contractual a largo plazo. La relación entre señor y vasallo no era una transacción puntual. Era un vínculo permanente basado en obligaciones mutuas. En una economía que se caracterizaba por escasa movilidad y bajos niveles de información, este contrato implícito reducía considerablemente los costes de coordinación.
Segundo) Seguridad descentralizada. Como no había estados nacionales fuertes, los señores feudales tenían que asumir funciones que hoy asociamos principalmente al Estado. Estos son la protección militar, resolución de disputas y la administración del territorio. Aunque este sistema no era perfecto, permitía mantener un orden en territorios muy fragmentados.
Tercero) Asignación local de recursos. La gestión de la tierra se gestionaba a nivel de feudo. Esto favorecía decisiones más o menos adaptadas a las condiciones específicas de cada región. En términos modernos, se puede describir como una forma extrema de descentralización administrativa.
El feudalismo, además, tenía una característica muy interesante desde el punto de vista de la sostenibilidad fiscal. Los costes del sistema eran, en definitiva, transparentes. El campesino sabía exactamentte cuánto de su producción tenía que entregar al señor. El señor, por su parte, sabía cuántos hombres debía aportar en caso de guerra.
Obviamente el sistema tenía también sus limitaciones porque la movilidad social era mínima, no había mucha innovación económica y la jerarquía generaba profundas desigualdades.
Sin embargo, en un mundo con instituciones débiles y mercados muy poco desarrollados, el feudalismo ofrecía algo que a día de hoy se sigue buscando. Es decir, un sistema relativamente estable de obligaciones, protección y producción local.
Quizá por eso algunos elementos del feudalismo siguen reapareciendo en la modernidad como en el caso de grandes plataformas digitales o ecosistemas económicos dominados por entidades centrales.
La historia económica sugiere que las instituciones rara vez desaparecen del todo.
Los economistas solemos explicar la teoría de juegos con ejemplos de empresas o guerras comerciales. Pero algunos de los entornos donde podemos ver claramente la teoría de juegos son aquellos donde no hay ni reguladores, ni tribunales, ni contratos formales.
En los mercados clandestinos del Raval, los participantes (camellos) deben resolver problemas clásicos (coordinación / competencia) utilizando sólo su reputación, amenazas creíbles y equilibrios informales. Desde un punto de vista de la teoría de juegos, tenemos:
Dos vendedores pueden competir agresivamente por un mismo lugar o evitar problemas manteniendo zonas diferenciadas. Competir directamente puede aumentar ventas a corto plazo pero también eleva el riesgo de "liadas" y de intervenciones por parte de la policía. Por ello, en muchos casos aparece un equilibrio informal de división territorial.
Al no haber contratos legales, el sistema de reputación surge a partir de las transacciones repetidas. Un camello que engaña a los compradores tiene beneficios inmediatos pero destruye su posición futura en el mercado. Por tanto el equilibrio más estable suele ser uno de cooperación mínima basada en la reputación.
Cuando el riesgo de que venga la policía aumenta, los camellos pueden competir entre sí o cooperar indirectamente mediante señales que reduzcan su exposición.
Si os fijáis, se parece mucho a los modelos clásicos que aplicamos a mercados oligopolísticos. La diferencia es que aquí, a mi parecer, el enforcement no depende de tribunales o de contratos sino de mecanismos más informales y de una estrategia en la repetición.
La venta de cocaína funciona como un laboratorio extremo de teoría de juegos. Hay entornos donde los incentivos son claros, no hay contratos y las "liadas" pueden ser inmediatas.
menéame