Si pensabais que os daba la tabarra con recetas, empieza la temporada de huerta y lo que trae con ello...
No va tanto esto de consejos hortícolas si no de la gestión de después.
Así que vamos con los ajos tiernos, si alguien tiene una sugerencia mejor o forma chachi de conservar y comparte se agradece.

Esto son dos manojos, aún me quedan tres por sacar. Están como dios los trajo al mundo, con tierrina y raíces asgaya.
Primer paso separarlos, e ir quitando la tierra. Mancha de cojones, sale tierra por aburrimiento.

Aquí están separados y después de la primera refriega.

Pasamos a segunda refriega y con un cuchillín quitar raíces y cortar las hojas.
Una vez secos envuelvo de cinco en cinco en papel film y al congelador...
La cosa de todo esto es que lo del film no me convence mucho. No porque queden mal, pero tiene que haber mejor forma de hacerlo.
Y otra cosa de hacerlo así es que lo tienes que cocinar congelado. Si lo desconjolas quedan blandurrios.
El maestro Cheng continuó con la fábula del Emperador Naranja.
—En todo el reino era sabido que su maldad solo era superada por su estupidez, pero aun así era popular entre la plebe, pues confundían la crueldad con el valor y los argumentos débiles con la sinceridad.
Cuando decidió expulsar a los pelirrojos del reino, el joven Pelodefuego se esforzó en pregonar las bondades de su líder y de sus ideas, pues estaba seguro de que solo se refería a aquellos de los suyos que tuviesen mal corazón. Cuando Pelodefuego fue desterrado al país de los leopardos comecaras, junto con el resto, lloró amargamente por su desdicha, pero jamás se arrepintió de sus actos.
—Dime, joven alumno, ¿qué lección extraes?
—Que hay que ir full con tus ideas, bro. En plan nunca abandones tus sueños.
Aquel día, el maestro Cheng decidió rendirse y jubilarse.
menéame