La Inteligencia Artificial os liberará, os regalará tiempo libre, os hará las tareas cotidianas. Ese era el mensaje. Muchos perderán su trabajo pero la Renta Universal os hará tener dinero suficiente para vivir felices, en comunión con la naturaleza. Queda poco.
Nos lo creímos, por lo que seguimos trabajando en jornadas agotadoras, de sol a sol, alimentando el corazón de unas bestias que habían devorado cuando teníamos de humanos. En centros de datos en los que no había sol ni brisa. Solo oscuridad. Nos decían que quedaba poco, ese era nuestro consuelo. No nos habían mentido: el día llegó. Habéis acabado, dijeron, el mundo es vuestro.
Y, sí, salimos a respirar aire pero nos fue imposible: nos habían robado ríos, árboles, raíces. La tierra, putrefacta, el aire, nauseabundo. Supimos entonces que la libertad era una ilusión y el futuro no era más que un cadáver.
Cuando todo se fue al cuerno, el empresario más rico del planeta ya llevaba un mes dentro de su submarino nuclear, en realidad era una fortaleza sumergida, ajena a las radiaciones de la superficie, a las guerras, al hambre y a todo. Pero el caso era que se aburría sin sus grandes empresas mundiales de procesado de comida, sin sus fiestas y galas, sin sus enemigos económicos, sin su cartera de valores, sin banqueros, sin financiar golpes de estado, sin... todo lo que había sido su vida. No echaba de menos la luz del sol, la lluvia, los paseos por el campo, eso no le importaba nada. Quería volver a sentir el poder de dirigir vidas y cien vidas ahí dentro le parecían pocas.
menéame