
Publica El Economista un artículo sobre la desigualdad en la pensiones de jubilación centrándose en el País Vasco y Extremadura que tienen las pensiones medias más alta y más baja. La primera pega es sobre el tipo de gráfico utilizado, ya que un gráfico de columnas apiladas no creo que sea la mejor opción si se quiere mostrar las diferencias entre las dos series de datos. Pero, además, la conclusión no es del todo correcta, porque es verdad que la diferencia en valor absoluto ha aumentado un 20% (casi 100 euros) y más adecuado comparar en términos relativos, es decir, que porcentaje es mayor la pensión en el País Vasco respecto a la de Extremadura. Y si realizamos esa comparativa, comprobamos que se ha pasado de un 48% en 2019 a un 44% en 2025. Por tanto, la brecha está decreciendo en términos relativos, y lleva bajando año a año (si comparamos con los datos de 2005, la diferencia era del 54%, con una pensión media de 882,67 € en el País Vasco y 572,83 € en Extremadura) . Es mas, en el propio artículo también se alude a esa diferencia en términos relativos, pero con un razonamiento erróneo: "Una diferencia que sitúa la brecha actual en un 44% y que se repite año a año desde que existe registro, pero que se ha ido ensanchando a lo largo del tiempo"

El médico termino su revisión, cuyos resultados no se diferenciaron mucho de los del día anterior:
-Su hermana tiene que ingerir alimentos, dejar la protesta, o… Por debajo del 40% de perdida de peso, los daños pueden ser irreversibles, mortales.
Tras 70 días sin comer, Heba era la viva imagen de un prisionero de campo de concentración: pálida, esquelética, los huesos, pómulos y articulaciones marcados por la piel estirada, tensa, dificultad hasta para pensar, para hilar frases, para respirar, pero su determinación estaba grabada en su cerebro: no dejaría su huelga de hambre hasta que se cumplan sus peticiones. Su causa es justa y el trato recibido, indigno y contrario a la justicia.
Decidió que estaba cansada de que nadie hiciera nada, de que se hablara mucho y no se actuara.
Decidió que los palestinos asesinados en Gaza eran demasiados, que la impunidad de Israel era demasiado, que la complicidad de Estados Unidos era demasiado, que la inacción de Europa era demasiado, que el silencio de la gente era demasiado.
Decidió que ella sería el ejemplo, que ella no seguiría la inacción de personas y de gobiernos.
Y decidió ofrecer su vida para protestar por todo ello.
Heba Muraisi, en huelga de hambre desde hace 70 días.

Juan consultó la hora de nuevo. Menos cinco. "Estoy llegando", le había respondido Susana diez minutos atrás, cuando el retraso era ya de quince. Suspiró. Reparó entonces en una pequeña mancha en la mesa de la cafetería, y sacó un pañuelo, sonriendo: aquello habría desencadenado una discusión si ella hubiese llegado ya. Él querría limpiarlo y ella no le dejaría. "Que lo haga el camarero". A Juan le requería menos esfuerzo limpiarlo él que conseguir la atención del camarero, obtendría el resultado antes y no le quitaría tiempo a quien sí necesitaba que le atendiese rápido con la comida. Pero para Susana era una cuestión de principios. "No aprenderá a hacer bien su trabajo si no le protestan", diría.
"Por fin", pensó, viéndola entrar. "Esta vez voy a quejarme, o nunca será puntual". Pero el pensamiento no duró mucho. "¿Para qué? Si ya lo sabe".
"Hola, preciosa".
menéame