Nacho ya ha sido juzgado y clasificado, trabaja de chico de compañía en una zona acomodada de la ciudad; los mismos que pagan por sus caricias son los que lo juzgan cada día, cada noche. Su vida es repetitiva y pequeña, siempre las mismas caras pero diferentes.
Nacho conserva sus sueños de libertad, algún día, cuando pague la hipoteca. A veces rememora la historia de abusos, violencia, golpes y vejaciones de todo tipo.
Nacho se evade todas las mañanas, al terminar sus trabajos, con un largo paseo por los puentes de la ciudad camino a su apartamento, estas caminatas siempre comienzan con esa expresión de derrota en la cara que se va transformando a medida que ve a la gente normal a su alrededor, esos que no lo juzgan. Y con una sonrisa en los labios repite una y otra vez: "¡Mañana será otro día!"
Pero tampoco solo por tus errores. Porque no actúo como un trepa, pelota, ni palmero, pero tampoco como enemigo. Tampoco soy un castigador. Decidiré si mereces la pena, o no, pero reconociendo que no todo es pefecto, ni todo malo en tí. Con tus grises e incluso con colores. Por eso la vida y las conversaciones nos acercarán y nos alejarán. Me alegro de no ser juez, y no tener que evaluar solo una pequeña fracción de tí. Y también me alegro de poder tener una opinión compleja. Duermo mejor así.
No puedo seguir, escucho... tus comentarios.
Me juzgarán como un cobarde equidistante.
menéame