«Si no toleramos un rey como poder político, tampoco debemos tolerar un rey en la producción, el transporte y la venta de ninguno de los productos básicos para la vida. Si no nos someteríamos a un emperador, tampoco debemos someternos a un autócrata del comercio con poder para impedir la competencia y fijar el precio de cualquier producto».
John Sherman* (1823 – 1900). Senador estadounidense republicano.
* Autor de la Ley Sherman Antitrust, la primera ley contra los monopolios promulgada en EE.UU.
Pues en esfuerzo, ánimo & industria béllica, los caualleros de agora exceden á los antiguos sin comparación. ¿Qué exército de grandes millones de gentes de Darío, ni Creso, ni Xerxes se atreuiera á acometer lo que agora con mucha facilidad vence vn pequeño esquadrón de españoles? ¿Qué tiempo pasado se puede comparar con la brabosidad con que quatro mil españoles vencieron en África la Goleta y el reyno de Túnez? ¿E de los ochocientos que desbarataron á ocho mil turcos quando Su Magestad estaua en Alemaña, en la ciudad de Viena? ¿Y en aquellas victorias de Pauía? ¿Qué Julio César, Alexandro ni Cypión fué más belicoso que nuestro Emperador Carlos? ¿Qué Haníbal fué más industrioso en la guerra que Antonio de Leyua? ¿Qué Pyrrho fué más animoso por el mar que Andrea Doria? ¿Quál Marcelo, Alciuiades ni Milciades fué de más ardid que Barbarroja? ¿Quál Hércules ni Theseo más diestro que Diego García de Paredes? ¿Quál antiguo nunca peleó tan sin nunca se cansar como el rey Francisco de Francia que agora es? ¿Qué capitanes ouo nunca como el Próspero Colona y don Hernando de Aualos, marqués de Pescara, cuya industria y ardid se puede saber por las auentajadas victorias que ouieron con muy pequeños exércitos, los quales si fueran yguales en número con aquéllos que leemos de Cyro, Alexandro y Xerxes, fuera fácil cosa subjectar este pequeño mundo y avn los infinitos mundos que Demócrito escriue que ay?
Cristóbal de Villalón, Ingeniosa comparación entre lo antiguo y lo presente, 1539.
Sí, es cierto que hay entre seis y nueve leones rondando ahor mismo las proximidades de nuestras praderas. Sin embargo, esta vez hemos decidido no dar la alarma y enviamos simplemente este comunicado porque nos parece una imprudencia desatar el pánico cuando las consecuencias de ese pánico son, de manera consistente, peores que las consecuencias de admirir a los depredadores como algo natural, pertenciendote a nuestro hábitat como la propia hierba que comemos.
Ya basta de dramas. En el peor de los casos, morirán ocho, diez o doce de nosotras en el próximo ataque de los leones. Morirá quien le toque, quien peor suerte tenga o quiene esté en el lado equivocado de la manada, proque ya nadie saldrá corriendo. Esa es nuestra nyueva política: no habrá más carreras alocadas que dejen atrás a los viejos, los enfermos, y los lentos. Eso no es solidario. Se trata de un nuevo sistema y la verdad es que no supone grandes cambios. Cada vez que desatábamos la alarma, como hace tres semanas, morían unos veinte individuos y muchas crías resultaban heridas en el tumulto. A menudo , los leones no tenían ni que molestarse en la caza, sino que se cebaban simplemente en los muertos y los heridos durante el pánico.
Vamos a evitarlo a partir de ahora. Pase lo que pase, no habrá panico. Ninguna mala noticia se reflejará en los mercados ni en las informaciones oficiales. Pasará luego lo que tenga que pasar, pero quien tenga que morir, morirá relajdo, sin estrés y sin ansiedad. Le caerá el bocado, la bala o el cuchillo encima, y no habrá más dramas. Se acabaron las carreras por la pradera. Se acabaron las largas noches de insomnio y las huidas eternas. Somos más de sesenta mil y los depredadores no necesitan más de media docena diaria. Po9demso segyuir viviendo, casi sin miedo.
¿Para qué preocuparse d elso depredadores que hay fuera? Ellos son un problema, pero mucho peor que nosotros mismos y nuestro miedo. Ignoremos los problemas. Moriremos igual, pero sin preocupaciones. Seamos, al fin, verdaderos herbívoros.
Grcias
menéame