No entiendo qué necesidad hay de sufrir con un café. Son muchos los que se preguntan por qué las cafeterías acostumbran a servir el café hirviendo pero ningún artículo serio trata este tema. Puedes encontrarte varios artículos de puristas del café que te dirán que el café se sirve caliente, amargo, fuerte y espeso; otros van más allá y se atreven a dar un cifra: el café se sirve entre los 49 y los 60 grados y el agua se hierve a 90 grados; y otros, más sensatos te recordarán que las bebidas muy calientes producen verdaderos problemas para la salud que los puristas no tienen en cuenta: aumenta el riesgo de reflujo gastroesofágico, ERGE y esófago de Barrett, puede producir lesiones térmicas en la mucosa y predisponen a cáncer epidermoide de esófago.
El café es una excelente bebida, sólo pueden hablarse cosas buenas del café. Se puede consumir con seguridad hasta 200mg de cafeína al día (1 taza de café espresso o café con leche habitual tiene 80mg de cafeína) e incluso hay estudios que demuestran que ese dintel puede aumentarse hasta los 400mg siendo letales dosis de 5g o superiores. El café acelera el metabolismo, la actividad física y con ello disminuye el riesgo cardiovascular, tiene antioxidantes y más recientemente se ha demostrado que disminuye el riesgo de desarrollo de enfermedad de Parkinson y otras relacionadas. Por tanto, que vaya en contra de uno de los purismos del café no signifique que lo esté echando por tierra, ¡Faltaría más! Soy un defensor del café.
Pero por favor, servidme el café frío.
Sí, soy de los raros. Pido café con leche fría y las reacciones de los camareros son:
- ¿Cómo? (como si le hubiese pedido un plato típico de Papúa Nueva Guinea)
- ¡Un café con leche! (se te ha olvidado lo de fría)
- ¿Un café con leche tibia? (no, te he dicho fría)
- ¿Un café con leche fría o tibia? (la última vez que usé el adjetivo "tibia" fue en mi erasmus de 2013)
En definitiva, no nos podemos tomar el café muchos cuando nos los sirven a esas habituales temperaturas infernales. He pensado en muchas hipótesis:
- El café je aje ajín (tradición)
- El café se sirve caliente para que se atempere mientras te tomas la tostada.
- El café se sirve caliente porque la gente en realidad es masoquista, le gusta quemarse, el dolor y decir lo típico de "ay me espero un poco" (¡Pues claro! Como siempre ¿Es que no aprendes?).
Así mientras termino de escribir esta irrelevancia se habrá atemperado a una temperatura compatible con la vida el café con leche "fría" que acababa de pedir. Era esto o liarla en el bar.
Yo, como el juez García-Castellón, también os amenazo: seguiré poniendo estos artículos mientras los sigáis leyendo. Que me lleva cinco minutos.
García-Castellón se ha mostrado muy ofendido con quienes hablan de lawfare o prevaricación judicial. De hecho, llegó a decir que si alguien cree que un juez prevarica, que presente denuncia. Como no queremos disgustar al magistrado jubilado, vamos a hacer otra cosa: no decir que prevaricó, sino imaginar qué decisiones alternativas habría podido tomar para que ningún malpensado dudase jamás de su imparcialidad.
García-Castellón se hizo fama de azote de algunos poderosos en su primera etapa en la Audiencia Nacional, con casos como Banesto o Jesús Gil. Después pasó muchos años como juez de enlace en Francia e Italia y regresó en 2017 al Juzgado Central de Instrucción número 6 para heredar algunas de las causas más sensibles de la política española: Lezo, Púnica, Villarejo, Kitchen, Dina, Podemos y Tsunami Democràtic.
Prompt:
Actúa como asesor legal de apariencia de imparcialidad judicial. Analiza las decisiones más polémicas del juez Manuel García-Castellón en causas políticamente sensibles. Para cada caso, no afirmes que haya cometido delito alguno. Indica únicamente qué decisión tomó y qué alternativa procesal, perfectamente legalista, garantista y prudente, habría podido adoptar para que ningún ciudadano escéptico dudase de su voluntad de buscar la verdad caiga quien caiga.
Y el resultado es bastante didáctico.
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
Decisión polémica:
Decisión alternativa perfectamente legalista:
El problema no es que todas esas decisiones sean necesariamente ilegales. El problema es que, vistas juntas, obligan a una pregunta muy sencilla:
¿Qué habría pasado si García-Castellón hubiera aplicado siempre la misma intensidad investigadora, el mismo escepticismo y la misma prudencia, afectara el caso al PP, a Podemos o al independentismo?
Porque algunos jueces no necesitan ser prevaricadores para que sus decisiones parezcan escritas por un guionista con demasiada militancia ambiental.
No le llamaré prevaricador.
Le llamaré juez.
Y en España, a veces, eso ya dice bastante.
Todo organismo vivo compite por los recursos con el resto de organismos vivos siguiendo una sencilla regla también aplicada a humanos.
Yo contra mi hermano. Yo y mi hermano contra mi primo, yo mi hermano y mi primo contra los demás.
Esta regla es inherente a la vida y se refleja claramente en el capitalismo y las organizaciones y estructuras humanas.
Yo, Familia, Ciudad, Comunidad, Pais, Religion, etc...
El individuo o grupo que tenga mas energía/recursos, sera capaz de sobrevivir con mayor facilidad que los que no tenga acceso a ellos.
Esto nos deja lo siguiente:
La única solución posible, es eliminar por completo nuestros instintos mas básicos y alcanzar un acuerdo sobre la cantidad de energía que puede consumir cada habitante o país y no permitir a aquellos que no lo limiten el hacerlo, antes de que sea mas fuertes que los que si cumplen esa norma.
I.E. Algo similar a limitar artificialmente las necesidades energéticas. X KW por habitante y X KW por superficie de país.
Y el problema es que no se pueden eliminar los instintos mas básicos que dan lugar a nuestra supervivencia, podemos verlo claramente en el "no tener sexo" de los curas. Siglos intentándolo sin éxito.
Una de las facetas de la guerra de Irán que más perplejos mantiene a los expertos es intentar responder a la pregunta de qué sucede en caso de que no se decida nada y no se haga nada.
En Ucrania, por ejemplo, si por distintas razones los contendientes decideran no hacer nada, se podría llegar a la paz. Un día se dejan de disparar. A las dos semanas, cada cual empieza a largarse a su casa, dejando la línea fronteriza donde la última batalla la dejó. Y se acabó. No es que piense que vaya a suceder, pero es útil como ejemplo de resolución de una guerra, y ha sucedido infinidad de veces en conflictos fronterizos que se activan y desactivan un par de veces por década.
¿Y qué pasa en Irán? La cuestión es que los norteamericanos han desplazado hasta allí tres portaaviones y casi cincuenta mil hombres. La cuestión es que cada día que pasa, el calendario se acerca más a las fechas en las que puede haber 45 grados y toda acción militar es poco menos que una locura. La custión es que la logística de ese despliegue, con el estrecho de Ormuz cerrado, es una verdadera pesadilla, porque hay que traerlo todo del quinto carajo, para muchísima gente y durante muchísimo tiempo.
Los iraníes se van o no la ruina, pero como en su día los afganos, están sentados en una piedra del desierto, de su desierto, esperando a ver qué hacen los otros. Sólo en botellas de agua, sin contar nada más, ¿Os imagináis el trasiego que tienen que organizar los americanos a diario? ¿Cuánto tiempo se pueden quedar allí sin hacer nada?
Parece una pregunta baladí, pero es una especie de sensor para determinar el estado real de la situación. El que puede permitirse no hacer nada, va ganando. El que se ve obligado a moverse, está en peor posición. Veremos qué estupidez deciden, porque soluciones inteligentes no hay muchas.
Además de ser una de las calvas más admiradas en Menéame (o eso parece)... ¿Quién será?

menéame