
El típico addagio que rodea los prolegómenos de la segunda guerra mundial es que Francia y UK pagaron cara la inacción ante la sublevación en España. Aunque lo cierto es que si la república hubiera sobrevivido tampoco hubiera supuesto en realidad una diferencia significativa, pero siempre es mejor viento a favor que viento en contra.
Y decía Twain que la historia no se repite, pero rima. La situación con Irán guarda algunos paralelismos.
En retrospectiva, después de estancarse en la rasputitza ucrania, el imperio sionista ha practicado un genocido en Gaza, con cerca de 200.000 muertos, 20.000 de ellos niños, y ha destruido concienzudamente toda la infraestructura civil, además de los deleznables episodios de bombardear rutas de evacuación señaladas y lindezas similares. Han atacado Líbano, Cisjordania...
Intentaron sembrar discordia entre Armenia y Azerbayán, la cosa no fue muy allá.
Con Afganistán y Pakistán les va mejor, la presencia sobre el terreno al parecer deja su huella. No sorprende ya a nadie que la facción de Al Qaeda de aquellas latitudes que se dedica a provocar a Pakistán desde el otro lado de la frontera muestre su apoyo abierto a Israel: al fin y al cabo para eso les pagan.
Cuba estrangulada como no lo ha estado tal vez desde el "periodo especial" con la caída de la URSS: lo que ha implementado EEUU es un bloqueo naval de buques petroleros. Los ha sitiado, poco más o menos.
La cosa empezó cuando les dio por perseguir el narcotráfico, no en la CIA y la DEA, ni siquiera en sus agentes de aduanas, sino en aguas internacionales. Asesinando gente con la excusa de unas supuestas "narcolanchas". Todo para al final secuestrar a Maduro, arrogándose una jurisdicción internacional sin más base legal que el ejercicio de la violencia.
Y ahora parece, dicen, que han asesinado a Jameneí. Lo acusan de patrocinar el terrorismo. Los que montaron el ISIS y Al Qaeda. Hay que reírse, aún con todos lo muertos.
Una supuesta carta filtrada de un supuesto masón hace más de un siglo apuntaba las líneas general de tres guerras mundiales: la tercera debería enfrentar sionismo e islam. Si no e vero, e ben trovato. En 2001 lo llamaron "guerra contra el terror". Y en ésas estamos, Irán con un programa nuclear que parece que todo el mundo tiene que poder auditar mientras Israel presume de un presunto arsenal atómico secreto y al margen de OIEA.
Lo que se expone no es un casus belli, es uno detrás de otro. EEUU parece buscar desesperadamente una guerra global que pueda restablecer el equilibrio a su favor, sin éxito. Pero por el camino va limpiando el tablero.
El objetivo del "plan maestro" mencionado antes sería sacar del juego a los competidores para implantar algún tipo de nueva religión, pero en realidad no es ése el desenlace natural. Porque el problema son las agresiones constantes del sionismo y sus ataques de falsa bandera para justificar el conflicto que buscan.
La campaña de criminalización del islam no tiene mucho sentido cuando los hechos hablan por sí solos y las agresiones, bajo una u otra máscara, al final parece que provienen siempre del mismo lugar. Es el sionismo el que se sitúa fuera de la ONU y el que parece tener mayores conexiones con las esferas que pretenden escribirnos el guion a todos.
El cierre del estrecho de Ormuz era un elemento recurrente en los análisis geopolíticos, pero casi como animal mitológico. Hoy es una realidad. Y tiene gracia que Irán esté en posición de hacer algo parecido al mundo que lo que EEUU está haciendo a Cuba.
No se sabe si Trump quiere teminar la "to do list" antes de la mitad del mandato para ir a Mar-a-lago a jugar al golf y leer papeles mientras desayuna en el jardín o simplemente va a prender fuegos hasta que el incendio sea incontrolable cual pandemia vírica. Cuánto me acuerdo de Mark Twain.
¿Por qué el Departamento de Policía de Ferguson hostigaba tanto a los ciudadanos negros de la ciudad? La respuesta breve es: el dinero, sin duda mezclado con racismo. Ferguson utilizaba a su Departamento de Policía para recaudar ingresos. Se ordenaba a los agentes poner tantas multas como fuera posible para aumentar mucho los ingresos de la ciudad. Esto significaba que podía usarse cualquier pretexto para ponerle una multa a alguien, una multa enorme. El Departamento de Justicia documentó casos en los que a la gente se le cobraron 302 dólares por una infracción en la manera de caminar, 427 dólares por una violación de la perturbación de la paz, 531 dólares por hierbas altas y maleza, 777 dólares por resistirse a la detención, 792 dólares por no obedecer y 527 dólares por no acatar, acusaciones que los agentes parecían usar indistintamente. Una vez multado, si no comparecías ante el tribunal, se te ponían más multas. El informe recogía un ejemplo representativo:
Una mujer afroamericana tiene un caso abierto que se inició en 2007, cuando, en una única ocasión, aparcó su coche de manera ilegal. Recibió dos citaciones y una multa de 151 dólares, más tasas. La mujer, que durante varios años pasó por dificultades económicas y períodos en los que no tenía vivienda, fue acusada de siete delitos por falta de comparecencia, por no acudir a citas del juzgado o por multas de aparcamiento entre 2007 y 2010. Por cada falta de comparecencia, el juzgado emitió una orden de detención e impuso nuevas multas y tasas. De 2007 a 2014 la mujer fue detenida dos veces, pasó seis días en la cárcel y pagó 550 dólares al juzgado por los sucesos derivados de este único caso de aparcamiento ilegal. Las actas judiciales muestran que en dos ocasiones intentó realizar pagos parciales de 25 y 50 dólares, pero el juzgado devolvió esos pagos, negándose a aceptar nada que no fuera el pago completo […]. En diciembre de 2014, siete años después, a pesar de deber inicialmente una multa de 151 dólares y haber pagado ya 550 dólares, aún debía 541 dólares.
Como estos abusos se dirigían contra la comunidad afroamericana, esto condujo a un serio deterioro de la confianza de ésta en las instituciones del Estado y de su cooperación con ellas. El Departamento de Policía de Ferguson no administraba justicia, administraba multas. La función básica de aplicación de la ley se desmoronó y la policía paso a ser vista con suspicacia y pavor.
Pero ¿cómo podía el Departamento de Policía de Ferguson violar los derechos constitucionales de los habitantes de su ciudad con tal impunidad? ¿No se supone que la Carta de Derechos los protege?[4] Bien, en realidad sólo hasta cierto punto. El acuerdo que dio lugar a la Carta de Derechos sólo se aplica al Gobierno federal, no a los estados; a fin de cuentas, fue una concesión de los creadores del Estado federal a las legislaturas estatales. Los estados acabaron teniendo algo llamado «poder policial», lo que les concede una inmensa discrecionalidad. Aunque el texto real de la Carta de Derechos no lo explica con detalle, en su momento se entendió así. En 1833, el Tribunal Supremo resolvió definitivamente el asunto, al dictaminar que la Carta de Derechos sólo es aplicable a las medidas que puede adoptar la legislatura nacional. Por ejemplo, la primera enmienda declara que:
El Congreso no hará ley alguna por la que adopte una religión como oficial del Estado, o se prohíba practicarla libremente; o que coarte la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a pedirle al gobierno la reparación de agravios.
La cuarta enmienda afirma que:
El derecho de la gente a que sus personas, viviendas, papeles y efectos se hallen a salvo de inquisiciones e incautaciones arbitrarias será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas.
Pero el dictamen de 1833 dejó claro que los estados podían aprobar leyes que coartaran la libertad de expresión y permitieran inquisiciones e incautaciones arbitrarias puesto que no les afectaba la Carta de Derechos. Sólo se le prohibió a la legislatura nacional hacer tales leyes. En los estados del Sur, el objetivo principal de esta interpretación de la Carta de Derechos era garantizar que los esclavos no tuvieran ninguno de los derechos que tenían los «ciudadanos libres».
El intento de secesión del Sur de Estados Unidos y su derrota al final de la guerra civil en 1865 deberían haber sido la sentencia de muerte para esta visión de la Carta de Derechos. De hecho, la decimocuarta enmienda, aprobada en 1868, incluía la frase:
Ningún estado podrá dictar ni dar efecto a cualquier ley que limite los privilegios o inmunidades de los ciudadanos de Estados Unidos; tampoco podrá estado alguno privar a cualquier persona de la vida, la libertad o la propiedad sin el debido proceso legal; ni negar a cualquier persona que se encuentre dentro de sus límites jurisdiccionales la protección de las leyes, iguales para todos.
Pero el Tribunal Supremo decidió repetidamente que esto no invalidaba el poder policial de los estados. En 1885, el juez asociado Stephen Field sostuvo que «ni la decimocuarta enmienda, amplia y completa como es, fue concebida para interferir en el poder de un estado, denominado a veces su poder policial».
El Pasillo estrecho. Robinson y Acemoglu.
En la sociedad de hoy en día lo queremos todo:
—Queremos tener pareja y seguir disfrutando de la soltería.
—Queremos ahorrar sin privarnos de nada.
—Tener hijos pero seguir teniendo el mismo tipo de vida.
—Estar en forma mientras tenemos excesos.
—Vaguear con disciplina.
—Queremos dinero, pero si es sin trabajar mejor.
—Mantener la guerra entre la soledad y los eventos sociales.
—Que los demás hagan lo que quieran aunque haciéndonos caso.
—Ser distintos, sin dejar de encajar.
—Hacer daño y convencernos de ser buenos y que hacemos lo correcto.
—No perdernos nada y descansar, frenar un poco la vida.
menéame