No es de hace un mes ni de hace dos semanas. Es de hoy mismo.
Un allegado ha ido hoy, en Léon, a rellenar su solicitud de empleo, y ha sacado su número en una sala vacía, o semivacía, con cinco personas en total, y cuando le ha tocado su turno le han dicho que el número que ha sacado es para solicitar una cita previa, no para que lo atiendan.
No había nadie y le han dicho que vuelva el viernes, o el lunes, y eso tras largo debate, porque lo que querían era mandarlo para el martes o el miércoles siguiente. Cinco días para loq ue podían hacer ya mismo. ¿Qué menos?
E insisto en que no había nadie. Que aquello no era un atasco. Quie simplemente no quisieron atenderlo.
Circulaba por allí también un ecuatoriano al que no querían atender y al que finalmente lograron desviar a extranjería. Porque no, porque ellos no iban a atender a nadie sin cita previa, hubiese gente o no. Porque no estaban allí para atender a nadie. Hablo de Léon. HOY, 21 de enero de 2026.
La mala fama de los funcionarios administrativos viene de estas cosas. No están dispuestos a atenderte, pase lo que pase. Se desviven por no servirte. Se desviven literalmente por ser ellos los que determinan la cantidad de trabajo que van a hacer en todo el día, y eso, por supuesto, sin contar que jamás en la vida te van a encontrar un empleo en el Ecyl, como muy bien pueden refrendar las estadísticas al respecto.. Si acaso se te ocurre que pueden hacer algo por ti, abandona toda esperanza, como si estuvieses a las puertas del Infierno de Dante, porque ponen una cola para darte cita previa, en vez de para ayudarte, y estoy seguro de que el viernes. o el lunes, pondrán otra cola para gestionar cuándo atienden a los que tienen la cita.
La idea es que pierdas el tiempo, por hacerles trabajar, porque no quieren trabajar. ¿Cómo se te ocurre, pequeño ingénuo, pequeña mierdecilla, la idea de obligarlos a hacer algo después de haber sacado una oposición? Ellos ya trabajaron bastante para sacarse la plaza y tú tienes que plegarte a sus caprichos y a sus manías, porque para eso eres la cagarruta que eres, sujeta a la cita previa de los que no están haciendo nada pero pueden permitirse dos o tres vigilantes privados, en prevención de que te enfandes y exijas algo.
Dos vigilantes, oye, para cuatro funcionarios y cinco usuarios a los que no atienden. ¿Cual es la moraleja?
Cállate. Traga. Lárgate de aquí, pringado de los cojones. La palabra "ciudadano" pertenece al vocabulario klingon, o al élfico de Tolkien, pero ni se te ocurra pronunciarla aquí, que no estamos dispuestos a aceptarla. No vamos a trabajar porque tú necesites algo. No estamos para ti. No nos sale de los huevos hacer nada.
León, Castilla y León. Dos meses antes de las elecciones.
A ver si a alguien se le pasa por la cabeza decírselo a alguien que tenga un mínimo de autoridad o un mínimo de vergüenza y le da por tomar cartas en el asunto. Por aquello de que nos gustaría que nuestros servidores nos sirviesen. Así de excéntricos somos.
Por aquello de no reconocer que somos súbditos de un cacique de mierda.
Rarezas de gente que vive lejos de Madrid, joder.
El meme, actualizado.

Recientemente he escrito un artículo sobre el peliagudo tema de la publicidad en mnm. Ha sido bastante comentado y una de las previsibles conclusiones a la que nos lleva el tema es a la sostenibilidad financiera del sitio.
Es un tema eterno de difícil solución (si la hay), por múltiples razones. No voy a entrar en ellas porque creo que son de sobras conocidas. Pero sí que querría plantear la posibilidad de plantear a la gente que se pudiera aportar puntualmente para cubrir aspectos o actuaciones concretas que fueran precisas para mantener o potenciar el sitio.
Entiendo que el hecho de que mnm sea una empresa privada pueda significar que sufragar cualquier tipo de gasto es responsabilidad de los propietarios. Pero, la realidad y la peculiaridad de este sitio así como de la comunidad que lo sostiene es la que es, y el hecho es que no hay pasta ni para permitirnos prescindir de algunos anuncios con lo que, algunos pensamos que se nos están meando en la cara mientras una voz dulce y sensual nos susurra "es el mercado, cariño"...
Entiendo que haya gente a que le dé palo suscribirse y pagar regularmente una cuota, por modesta que sea. El tema de las donaciones abiertas (sin un fin concreto), tampoco parece convencer. Por ello me pregunto sobre la posibilidad de abrir campañas de financiación específica, libre y puntual para poder llevar a cabo acciones concretas que consiguieran obtener el máximo apoyo posible entre la comunidad. Es decir, "necesitamos dinero para esto, ¿nos puedes ayudar (con la cantidad que sea)?".
En cualquier caso, el problema de la financiación, sigue ahí.
Hoy voy a jugar a ser analista político. Como, además, me gusta presentarme como un cultureta, voy a aplicar un par de principios de filosofía de la ciencia al caso de Groenlandia, a ver si acierto en mi análisis o, por lo menos, le doy una pátina de credibilidad.
Vamos con la perorata.
El principio de mediocridad podemos encontrarlo bien definido en la siempre menospreciada pero imprescindible Wikipedia:
El principio de mediocridad es la noción, en filosofía de la ciencia, de que no existen observadores privilegiados para un fenómeno dado. El principio de mediocridad tiene aplicaciones en diversas disciplinas científicas:
En astronomía, el principio afirma que no existe nada intrínsecamente especial acerca de la Tierra y, por ende, tampoco del ser humano. En consecuencia, el principio de mediocridad sugiere que la vida extraterrestre debe ser relativamente común FFFFFen el universo, porque las condiciones que han originado la aparición de la vida y de la inteligencia en nuestro planeta deben darse también en un gran número de otros planetas.
En las ciencias sociales, el principio de mediocridad afirma que no existe nada intrínsecamente especial acerca de «este» (cualquier) momento histórico, y se utiliza para estimar la duración posible de sucesos en curso acerca de los que se tienen pocos datos.
En primer lugar, deberíamos tener en cuenta que las ciencias sociales son blandas. Hay un interminable debate al respecto, pero mi postura es que estas pueden desarrollar leyes de menor generalidad y de resultados más pobres que sus hermanas duras, pero no por ello dejan de ser analizables mediante el método científico: este seguirá siendo totalmente válido, solo que sus resultados muchas veces serán del tipo “eso no se puede saber” o “es una posibilidad entre otras”.
Si aplicamos el principio de mediocridad a cualquier momento en el tiempo, como es el presente, nos dice que lo más probable es que ese momento histórico no tenga nada de especial. Traducido a la disciplina histórica, significa que los procesos sociales que ésta describe suelen tener una duración considerable. El astrofísico Richard Gott propuso que, si no tienes ninguna información especial sobre en qué momento de un proceso te encuentras, lo más probable es que estés en algún punto intermedio (el 95% central) y no en el principio ni en el final. Nuestra percepción, sin embargo, es que siempre estamos en un momento clave, sensación que creo vinculada a nuestro natural ego y potenciada por los medios de comunicación y el tipo de sociedad de consumo en el que nos movemos en el presente.
Apliquemos esta idea al tema de Groenlandia. Lo más probable es que se resuelva como lo han hecho las distintas disputas en este contexto histórico. Por ejemplo, muchos opinan que es una muestra del proceso histórico de decadencia del imperio americano, siguiendo aquella supuesta ley histórica (recordemos lo que hemos dicho de esas leyes) que dicta que cuando un imperio decae intenta contrarrestarlo con mayor agresividad, muchas veces mediante conquistas militares. Siguiendo el principio de mediocridad, aunque diésemos esa idea por cierta, tendríamos que afirmar que lo más probable es que estemos en un punto intermedio del proceso, lo que traducido al román paladín es que es poco probable que sea este el momento en que ocurra un hecho espectacular que de por finiquitado el proceso, como el inicio de la III Guerra Mundial.
Aplicándolo a todas las tendencias históricas que podemos apreciar en el momento histórico del presente, podemos apostar que la crisis de Groenlandia se resolverá sin que ninguna de estas varíe significativamente. Esto significa que los Estados Unidos van a continuar con su posición hegemónica y con su política de fuerza, que la OTAN va a seguir siendo la alianza que todos conocemos, que la Unión Europea va a continuar su proceso de descomposición e irrelevancia internacional y que la tradicional alianza-vasallaje del bloque occidental va a continuar. Teniendo en cuenta estos parámetros, apuesto a que lo más probable es que se llegue a un acuerdo, favorable a Trump y maquillado por los líderes europeos como un mal menor y una muestra de la firmeza y resolución de los mismos, cuando es todo lo contrario. Para mojarme más, supongo que se llegará a un acuerdo que implicará mano libre a los estadounidenses para instalar cuantos equipos militares e infraestructuras consideren necesarias en la isla, además de la propiedad de facto de todas las riquezas minerales para sus empresas. El resto de países de la OTAN, o al menos los europeos, incluso participarán aumentando su presencima militar allí, pero bajo mando americano, es decir, un tributo. Por supuesto, el gasto social que representa mantener el nivel de vida de los groenlandeses va a seguir corriendo a cuenta de los daneses. Esta sumisión será vendida como una victoria europea, al igual que se hizo con el anterior acuerdo arancelario.
Sin embargo, también cabe citar otro principio que voy a citar como excusa: el problema de la inducción. Esta vez voy a dejar que sea la IA la que nos explique la fábula del pavo inductivista. Solo por el nombre ya me cautivó:
El problema de la inducción es uno de los dilemas más profundos de la epistemología. Aunque fue planteado originalmente por David Hume, Bertrand Russell lo popularizó y lo explicó de forma brillante en su libro Los problemas de la filosofía (1912).
Russell plantea que todo nuestro conocimiento sobre el futuro y las leyes de la naturaleza se basa en la inducción: la creencia de que, porque algo ha sucedido siempre de la misma manera en el pasado, volverá a suceder igual en el futuro.
Aquí te explico los puntos clave según Russell:
Para ilustrar lo peligroso que es confiar ciegamente en la inducción, Russell utilizó el ejemplo de un pollo (que más tarde otros autores como Alan Chalmers convirtieron en un pavo).
El pollo nota que el granjero viene todas las mañanas a las 9:00 a. m. para darle de comer.
Como buen «inductivista», el pollo no saca conclusiones precipitadas. Espera a acumular muchas observaciones: días soleados, días lluviosos, días fríos y calurosos.
Finalmente, tras cientos de días de repetición, el pollo concluye con total certeza científica: «Siempre que viene el granjero a las 9:00 a.m., me dan de comer».
Sin embargo, llega la víspera de Navidad y el granjero aparece a las 9:00 a.m., pero esta vez no trae comida, sino que le corta el cuello al pollo.
La lección: Un gran número de experiencias pasadas positivas no garantiza que el futuro sea igual.
Aplicado al análisis de la Historia, hemos de decir que lo que solemos extraer de ella suele ser conocimiento inductivo: a través de los distintos ciclos dados en el pasado, intentamos ver en qué punto estamos en el presente, considerando que son repetitivos. En otras palabras, que hasta ahora ninguno de estos fenómenos haya variado las tendencias geopolíticas significa dos cosas:
1 - Si se quiere apostar, lo más probable es que el conflicto acabe con otro acuerdo favorable a EE. UU. Las probabilidades están a nuestro favor.
2 - Hemos dicho probabilidades. Que afirmemos que hoy no lloverá basándonos en nuestro análisis del cielo despejado significa que tenemos más posibilidades de acertar que de fallar, no que podamos asegurar que no ocurra. Si al pavo inductivo le tuviéramos que indicar, en un día al azar, si verá un nuevo amanecer, podríamos afirmarle que lo más probable es que sí, pero subrayando ese adjetivo. Por ejemplo, si me hubiesen preguntado si apostaría a que Putin iba a invadir Ucrania o no, podría haber escrito un artículo parecido a este, explicando mis razones para apostar, equivocadamente, por la paz.
menéame