
No busco el nombre de la nave, pero si el de la peli.
(No seáis cutres, si lo sabes lo sabes. No busquéis, que el premio sigue siendo con un seis y un cuatro os hago un retrato)

Les doy una pista: Es endémico y no es un gato montés.
Llevo 1 semana entrenando al algoritmo para que me enseñe a todo el que habla sobre España y es increíbe. Por una parte te salen todos los guiris que te venden vivir en España como una experiencia fantástica, sol, playa, fiesta. Obviamente con su humo para venderte cualquier historia. Por otra parte el mismo algoritmo cuando mencionas España te enseña la gente que emigra del país a otros, en especial Australia parece bastante de moda. Y ves a la gente comparando que cobra 2000 o 1500 euros a la semana en Australia limpiando o trabajando en minas, comparando con los salarios de España y los costes de vivir, que son parecidos al país pero con sueldos muy inferiores.
Es decir por una parte tienes un país atractivo para la gente de fuera pero para los españoles es más atractivo irse y cobrar bien, según el algoritmo. Ahora lo dramático es cuando juntas todo esto con las tendencias que vienen, los jóvenes que también me trago su algoritmo están llenos de vídeos, esfuerzate, sacrificio, trabajo, gimnasio, no beber, no salir. Es decir los vídeos que están viendo la gente joven chocan con lo que vende España: Fiesta, ocio, entretenimiento y la calidad de otras cosas sobre el dinero y las cuestiones materiales de la clase trabajadora.
Lo cual ya se ve en las tendencias como el consumo de alcohol cae bastante entre los jóvenes, menos ocio, más gimnasio, deporte, esfuerzo por los vídeos de la cultura del esfuerzo y todo el humo.
¿Qué va a ser de España cuando esta gente crezca y aborrezca lo que España vende? Si no les interesa tanto la fiesta, el ocio y más el trabajo, ganar dinero y cultura del esfuerzo. ¿Quién se va a quedar en España? ¿Quién va a querer vivir aquí cuando los algoritmos están enseñando que lo que merece la pena es menos ocio y más esfuerzo?
Poca gente y eso es un drama, se va a convertir España en un país de gente vieja y sin futuro para los jóvenes que ven como en otros sitios se vive mejor, se cobra más y se premia más el esfuerzo que aquí donde los salarios (descontando la inflación) según la OCDE llevan congelados 30 años.

(No seáis cutres, si lo sabes lo sabes. No busquéis, que el premio sigue siendo con un seis y un cuatro os hago un retrato)
“Permítanme decirles toda la verdad. Si alguna vez el fascismo llegara a Estados Unidos, lo haría en nombre de la libertad”.
Thomas Mann.

En los pasillos de la Carrera de San Jerónimo circula desde hace tiempo una pregunta que obsesiona tanto a aliados como a adversarios: ¿cómo diablos lo hace? ¿Cómo consigue un presidente del Gobierno, en permanente minoría parlamentaria, bailar al borde del precipicio sin caer nunca? La respuesta, querido lector, no está en la magia, sino en un conocimiento exhaustivo —casi fetichista— de los resortes constitucionales y en una habilidad camaleónica para convertir debilidad numérica en fortaleza política.
Olvídese de esa idea romántica del gobierno que aprueba leyes en el Congreso. Eso es cosa del pasado, de tiempos más inocentes. La estrategia actual se llama "geometría variable", un eufemismo elegante para nombrar el arte de mendigar votos ley por ley, concesión por concesión. Hoy pactas con Bildu una reforma laboral, mañana con el PNV los Presupuestos (si es que se aprueban), pasado con Junts... bueno, con Junts lo que haga falta para que no te tumben el Gobierno.
Lo fascinante del asunto es que no hace falta ganar todas las votaciones. Ni siquiera la mitad. Lo importante es no perder la única votación que importa: la moción de censura. Y aquí es donde el sistema español muestra su lado más perverso (o más brillante, según se mire).
La joya de la corona, el Santo Grial de la supervivencia política, es la moción de censura constructiva. Un mecanismo diseñado en 1978 con la mejor de las intenciones —evitar la inestabilidad de la II República— pero que hoy funciona como un búnker antibalas para quien ocupa La Moncloa.
Para echar a un presidente no basta con decir "no te queremos". Hay que reunir a 176 diputados dispuestos a votar a favor de un candidato alternativo. ¿El problema? Conseguir que Bildu, ERC y Junts se pongan de acuerdo con PP y Vox para votar al mismo tío es más difícil que encontrar a alguien en Ferraz dispuesto a criticar a su líder. Es, literalmente, misión imposible. Así que el inquilino de Moncloa puede dormir tranquilo: mientras la oposición y sus propios socios se odien más entre ellos que a él, nadie le mueve de allí.
Y si no hay presupuestos, ¿qué? Pues se prorrogan los del año anterior. Y si el año siguiente tampoco hay, se vuelven a prorrogar. Ad infinitum. El artículo 134.4 de la Constitución permite gobernar eternamente con las cuentas del pasado, como quien sigue usando la misma chaqueta de hace cinco años porque "aún da el pego".
Claro, limita tu capacidad de anunciar grandes inversiones o de vender logros en el BOE. Pero garantiza que el Estado siga funcionando —pagando pensiones, nóminas y, sobre todo, las de tus asesores— y que tú sigas en el despacho de La Moncloa. ¿Para qué necesitas presupuestos nuevos cuando puedes vivir de las rentas de Montoro?
Eso sí, si la situación se pone muy fea, siempre queda el recurso nuclear: disolver las Cortes y convocar elecciones. Pero no cuando tú estés débil, claro. Cuando las encuestas te sonrían, la oposición esté despistada y tus socios teman perder escaños. El arte está en elegir el momento preciso, ese instante fugaz en el que el país está harto de la bronca política y tú aún no has agotado tu capital de simpatía.
Es como saber cuándo retirarse del casino: cuando aún vas ganando, aunque sea por los pelos.
Pero todo este castillo de naipes tiene un talón de Aquiles, un punto débil que ninguna estrategia parlamentaria puede blindar: la corrupción. No la corrupción genérica, esa que todos critican en abstracto mientras miran para otro lado. No. La corrupción concreta, nominativa, con nombres y apellidos. La que investiga un juez tenaz, la que documenta la UCO con volcados de móviles, la que filtra El Mundo un martes cualquiera.
Porque un gobierno puede resistir el bloqueo legislativo, puede esquivar mociones de censura, puede incluso gobernar sin presupuestos. Lo que no puede es gobernar sin autoridad moral. Y cuando tu propio electorado —ese votante de izquierdas históricamente severo con la corrupción— empieza a mirarte con asco en lugar de con miedo a la alternativa, se acabó el juego.
La corrupción desactiva la estrategia del "muro". Si todos son iguales, ¿para qué voy a votar al menos malo? Mejor me quedo en casa. Y ahí, en la abstención de los tuyos, está la verdadera guillotina.
Y hay algo más, un "cisne negro" que pocos ven venir: la Fiscalía Europea. Esa que investiga el destino de los fondos comunitarios y que no responde ante el Fiscal General del Estado español. Esa ante la que no valen presiones, filtraciones ni nombramientos estratégicos. Si Bruselas huele corrupción en los fondos Next Generation, el gobierno pierde el control del relato. Y ahí sí que no hay geometría variable que valga.
Lo que este manual de supervivencia política nos enseña es una paradoja fascinante: en el sistema español, es más fácil mantenerse en el poder sin mayoría que conquistarlo con ella. Las instituciones protegen al que está arriba, crean una inercia de estabilidad que favorece al statu quo.
Es un sistema pensado para evitar el caos, pero que a veces produce un extraño limbo: gobiernos que no pueden gobernar pero tampoco pueden caer. Ejecutivos zombis que caminan entre los vivos sin estar del todo vivos.
Mientras tanto, en Ferraz ya estudian el siguiente movimiento. Porque en este ajedrez constitucional, el único error imperdonable es creer que la partida ha terminado. Nunca termina. Solo se interrumpe hasta la siguiente jugada.
Imagen: IA . Estilo del texto mejorado con IA.
El reciente discurso de Pedro Sánchez en Dubai ha causado jaleo. Ha anunciado medidas polémicas que son una continuación de las del discurso de Davos 2025 y estoy viendo a mucha gente en el mundo digital posicionarse fuertemente tanto a favor como en contra.
Ver la gran cantidad de propagandistas de derecha que están copando los espacios en Youtube, Twitter, etc, criticando estas medidas y añadiendo más ruido falaz que otra cosa es lo que me ha animado a escribir esto, dando primero información concreta de qué se ha propuesto y segundo mi opinión, unas pistas de cómo lo abordaría yo.
Cumbre Mundial de Gobiernos
Tomado directamente de www.youtube.com/watch?v=9FM-4CeDvzY.
1.- Que los ejecutivos de las plataformas digitales sean responsables legales de las infracciones que se cometan en sus medios.
Menciona los casos en que se nieguen a eliminar contenido ilegal o que promueve el odio.
2.- Considerar delito la manipulación de algoritmos para la amplificación de contenido ilegal.
Explica que la desinformación no aparece sola, sino que es creada, promovida y difundida por ciertos actores para conseguir beneficios.
3.- Creación de un sistema de huella digital de odio y polarización que permita trazar, cuantificar y exponer cómo las plataformas digitales alimentan la división y amplifican el odio.
Defiende que esparcir odio debe tener un coste legal y financiero que las plataformas no puedan ignorar.
4.- Prohibición efectiva de acceso a las redes sociales para los menores de 16 años.
Justifica que se les debe proteger de espacios de adicción, abuso, porno, manipulación y violencia.
5.- Investigación sobre las infracciones de Grok, TikTok e Instagram. Se refiere a:
Foro Económico Mundial
Tengo que añadir también lo anunciado el año pasado en Davos, que completa la foto para este debate. Copio de www.lamoncloa.gob.es/presidente/intervenciones/paginas/2025/20250122-i .
1.- Que se acabe con el anonimato en las redes sociales (...) En democracia, los ciudadanos tienen derecho a la intimidad, no al anonimato ni a la impunidad (...) Hacer avanzar el principio del seudonimato (...) y obligar a todas estas plataformas a vincular cada cuenta de usuario a un registro europeo de identidad digital. De este modo, los ciudadanos podrían utilizar seudónimos si quisieran, pero en caso de delito, las autoridades públicas podrían relacionar esos seudónimos con personas reales
2.- Forzar la apertura de la caja negra de los algoritmos de las redes sociales.
3.- Que los directores generales de las redes sociales rindan cuentas personalmente por el incumplimiento de las leyes y normas en sus plataformas.
El tema central de estas medidas es el gran poder que las plataformas digitales (o redes sociales) tienen en la opinión pública. Además, este poder no es neutral sino que se usa en la práctica para conseguir beneficios y alterar procesos democráticos como las elecciones.
La mayoría de medidas están radicalmente dirigidas a acabar con este poder impune. En combinación, la monitorización de los discursos de odio (huella digital), la prohibición de manipular algoritmos para subvertir la democracia y la responsabilidad legal de los directores en caso de incumplimiento, son una tríada potencialmente letal para el interés de los señores tecnofeudales.
En otro lugar están las medidas que afectan directamente a la población: tanto la prupuesta en Davos (que no apareció en Dubai) del pseudonimato, es decir, la vinculación obligatoria de pseudónimos a la identidad real de la persona que participa en las plataformas digitales, como la prohibición de acceso a los menroes de 16 ya anunciada en Dubai. Ambas son prácticamente lo mismo, pero vendidas de distinta manera.
Aquí ya no se centra tanto en limitar el poder de las plataformas digitales, sino en saber y controlar quién participa en ellas, sea como consumidor de contenidos o como generador.
Me parece que este segundo grupo de medidas juegan en otra liga, que hay una diferencia sustancial respecto a las primeras, y que tan bueno es tener el contexto completo de lo que se ha anunciado como analizar cada medida por separado atendiendo a su impacto y su justificación sin tener que aceptar o rechazar el bloque completo.
La diversidad de opiniones sobre todo lo anterior no sólo es inevitable, sino que es imprescindible para que podamos ir limando los argumentos en un sentido o en otro, construyendo una opinión cimentada en algo más que la pasión del momento. Si no tenemos cuidado, los algoritmos de Youtube, Twitter, Instagram, Facebook, TikTok, etc, nos convencerán para que rechacemos cualquier limitación a su poder. Esto no va sólo de prohibir o no prohibir facebook a los chavales.
menéame