Hoy me dirijo a usted, señor Rodríguez Zapatero, porque, tras el último comunicado de ETA, toca -vuelve a tocar- hablar de mi querido País Vasco, y de las lisis y crisis del proceso de paz por cuyo buen final algunos hemos apostado y al que, al menos yo, no pienso renunciar mientras mi corazón siga latiendo. Le escribo, decía, porque he leído una declaración suya sobre el tema que nos ocupa en la que usted asegura que ha hecho todos los esfuerzos posibles para alcanzar la paz. Y lo siento mucho, señor Presidente, pero no le creo