Resulta penoso, duele ver y constatar el abandono al que las instituciones, públicas y privadas, someten a las personas mayores, o dependientes, o a las que no manejan las nuevas tecnologías en general, da igual la edad. Me pregunto qué sería de mi padre si yo no estuviera. Me pregunto cuántos afectados habrá y, sobre todo, me pregunto por qué mis abuelos sí encontraban servicio en las instituciones públicas a las que acudían y no lo encuentra ahora un ciudadano que acude a una Administración híper dotada, que parece que te expulsa...