“Ser progresista es agotador, nunca se acaba”, dice. “Entiendo a la gente que se hace facha porque es comodísimo. Porque las manzanas son manzanas, las peras son peras…”, suelta con sarcasmo. Se refiere a que entrenar la empatía cuesta más y obliga a la generosidad de ceder espacios para acoger realidades que desconocías. Pero existen. Y suelen terminar enriqueciendo la convivencia porque es más sana, es más sabia, es más plural. Más igualitaria que no es lo mismo que homogénea.