Cuando pides un plato en un restaurante, das por hecho que alguien lo ha cocinado allí. Pero la realidad es que, en muchos casos, lo que llega a la mesa no se ha preparado en ese local. Ha salido de una cocina industrial, ya cocinado, envasado y listo para consumir. El restaurante solo lo calienta y lo sirve, sin que el cliente sea consciente de ello. De hecho, es probable que el establecimiento no tenga ni fogones para cocinar. Así es la cocina de quinta gama.