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El asesinato del ayatolá Alí Jamenei, durante los bombardeos israelí-estadounidenses contra Irán el 28 de febrero, le dice al mundo que no vale la pena negociar con Washington. La Casa Blanca, sumida en las dinámicas decadentes de un imperio que va perdiendo su hegemonía en casi todos los ámbitos del poder —salvo, si acaso, el tecnológico-militar—, es el principal factor de caos, violencia e inseguridad en el mundo.