Escrito por Jim Theis en 1970, cuando tenía 16 años, "este relato se caracteriza por la cantidad de errores ortográficos y gramaticales, que han generado frases como “el trono sobre el pederastal”, aunque lo que de verdad lo ha hecho famoso es el uso de los adjetivos, que parecen haber sido espolvoreados al azar, produciendo descripciones absolutamente delirantes, como “la mujer curvicea y amorfa”, “la nariz ópaca y flexible”, “yelmos barrados que emitían plumas escarlata”, “antorcha intermitente”, …