Todo sucedió en una noche fría del invierno del año pasado. Por alguna circunstancia, nos habíamos quedado con mi esposo en el garage de la casa, cuando en un instante, comencé a escuchar un llanto parecido al de un gatito, era intermitente, debido a que por momentos no se oía nada. La cuestión es, que no pude con mi curiosidad, entonces, me dirigí a la puerta de entrada, salí a la vereda con Felipe, mi perro batata, y ambos miramos por entre la reja, hacia un lado y a otro. Pero nada aparecía a la vista, hasta que en un momento, volví a sentir