Hay personajes que han pasado a la historia como grandes militares, como César y Alejandro, o como grandes políticos y gobernantes, como Augusto. Sin embargo, también los hay que han quedado retratados como auténticos ejemplos de crueldad y depravación; este es el caso de Calígula, emperador de los romanos entre el 37 y el 41 dC. Lo que sabemos de él es que era un personaje extremadamente caprichoso, carente de toda moral o sentido ético, y capaz de las más extremas crueldades y atrocidades.