Pero el estrecho de Ormuz sigue “cerrado”. Nadie se atreve a cruzarlo, los seguros de los fletes se han disparado y varios barcos han sido atacados. La importancia de mantener esa arteria abierta es tal, que en un solo mes podemos asistir a un auténtico colapso. Pero eso no es lo peor, si las instalaciones petroleras-gaseras son atacadas y sufren daños considerables, dará igual si reabren el estrecho, con lo que el peligro continuará latente mientras se mantenga el conflicto. El problema es que los mercados no pueden caer. Sí, como lo oyen.