[c&p] Una investigación realizada en el archipiélago británico de Brougton (cerca de Vancouver) confirma que los salmones rosados que viajan por los ríos hacia el mar, en su habitual recorrido de ida y vuelta, se contagian de unos parásitos, los llamados piojos de mar, a su paso por las granjas acuáticas. Ello puede acabar derrumbando el 99% de la especie en sólo dos generaciones. «El impacto es tan serio que la viabilidad de las poblaciones salvajes está amenazada», asegura Martin Krkosek, de la Universidad de Alberta, en Canadá.