Nos pusimos en marcha, en silencio, camino de un burdel cualquiera (de alto standing, eso sí), cada cual toqueteando su respectiva Blackberry, mandando mails o leyendo mensajes y yo, mientras, conduciendo con cara de signo de interrogación (con el punto a la altura del estómago). Aquellos tipos podrían tener a sus pies y en cualquier momento a muchas mujeres igual de bellas (más era imposible, os lo aseguro). Pero preferían pagar. ¿Alguien (en su sano juicio) podría explicármelo?