Según Naciones Unidas, el crecimiento demográfico previsto hasta los 10.300 millones de personas en 2084 intensificará problemas globales como la presión sobre los recursos, el aumento de conflictos, la migración y la vulnerabilidad social. Este crecimiento supone una presión creciente sobre los recursos naturales, el sistema alimentario y la capacidad del planeta para sostener a la población. El crecimiento poblacional no será homogéneo. África concentrará gran parte del aumento, mientras que Europa reducirá su peso relativo de forma significativa. A comienzos del siglo XX, Europa representaba el 25% de la población mundial, frente al 8% de África. Para finales del siglo XXI, las previsiones apuntan a un cambio radical: África alcanzará el 37%, mientras que Europa caerá al 6%.
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