En Estados Unidos, los partidos no son actores estratégicos en el sentido en el que estamos acostumbrados en Europa. No hay un secretario general, ni un presidente, comité federal, junta directiva o Buru Batzar que se sienta en una mesa, mira sondeos, analiza la situación política y decide hacia dónde irá la formación. Los comités nacionales son instituciones débiles que sólo se dedican a recaudar fondos y organizar (mal) primarias presidenciales.