El secuestro y violación de una mujer marroquí durante 22 meses por un español apenas encuentra eco en las plataformas digitales. En este caso nadie hizo nada. Lo deja bien claro un comunicado del movimiento feminista de Murcia, que, refrendado con datos, no deja títere con cabeza. Ni la policía, ni los vecinos, ni los medios han estado a la altura de las circunstancias. Tampoco, confiesan, se libran ellas mismas: “Si salimos a la calle y nos indigna la violencia solo cuando es contra una mujer blanca, somos feministas racistas”.