Óscar Puente es el primero, ya difunto y lo sabe. Asumió su condición de finiquitado el jueves en el Senado cuando, en su larga perorata vacía y tramposa, incurrió en un argumento que él mismo se había prohibido. Se refugió en el Ventorro. Y ahí mostró su descomunal herida, un costurón que atraviesa su argumentación coriácea, sus excusas de traficante. “No me comparéis con Mazón, es ofensivo”, advirtió en una entrevista. Él mismo se condenó. Ya era un despojo. Había sobrevivido, eso sí, al primer envite del cataclismo de Adamuz, al informe de l
3 : en su larga perorata vacía y tramposa, Además de rastrera se contradice a si misma, lo mismo le acusan de dar demasiadas explicaciones como de peroratas vacías, asco de derecha tenemos.
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