El asesinato del activista de extrema derecha Quentin Deranque ha sido como un acelerador de partículas. Todos lo ven como una oportunidad de oro para acabar con Jean-Luc Mélenchon y sus fieles. A la izquierda, algunos, como François Hollande, incapaces de tomar el liderazgo político, juegan con golpes en la barbilla para aislarlos de manera autoritaria. El expresidente afirma: "No puede haber, para las próximas elecciones, una alianza entre los socialistas y La France insoumise (LFI). Considero que la relación con LFI ha terminado".