Pero ni siquiera ese anonimato debería estar en el centro de todo este horror, sino ellos, ese impulso criminal, salvaje, que lleva a centenares de miles o millones de hombres a agredir brutalmente a mujeres y niñas como sea, donde sea, en la medida que puedan. Están entre nosotras, así que más vale que empecemos a mirar hacia esta nueva evidencia sin paños calientes.