El feminismo no persigue la igualdad. Si alguna vez fue así, y probablemente lo fue, al menos para la mayoría de mujeres, ya no lo es. La última vuelta de tuerca la acaba de dar Cristina Fallarás, la feminista que dio la puntilla a Errejón, o que fue utilizada para dar la puntilla a Errejón, que puede que sea más exactamente lo que pasó. Obviamente lo relevante no es que Fallarás diga tal o cual cosa, sino que Fallarás refleja el discurso de la mente colmena. No es lo que dice Fallarás, Fallarás no hace sino repetir una consigna del sistema.