#1 Es muy fácil de entender. A ningún partido le importa la sanidad (salvo quizá los nacionalistas vascos, pero detalles).
Vamos, es que es acojonante. Aquí en esta noticia múltiples meneantes (#2#7#14#17...) dándose golpes en el pecho de que la izquierda (el gobierno formado por PSOE/Sumar, entiendo), es la solución y lo mejor del mundo, cuando no hay más que comparar estadísticas de comunidades en las que gobierna o ha gobernando la izquierda y ver qué estamos igual en todos lados.
Es más, muchos se indignaran aquí, y se pondrán a echar mierda a los médicos en las noticias relacionadas con la huelga sólo porque perjudica a su equipo. Pura hipocresía y deshonestidad.
#1 como esto siga escalando, progresía entre la espada y la pared, menudo papelón, van a tener que replantearse algunas de sus ideas, porque la libertad de expresión y de culto es intocable.
#2 El racismo moderno occidental es una creación de la Monarquía Hispánica, con sus estatutos de limpieza de sangre. Primero contra los judeoconversos y más tarde, en América, como herramienta para instaurar su sistema de castas de Pantone que aseguraba la preeminencia de los europeos sobre la población local. Estos sistemas fueron posteriormente adoptados (y adaptados) por otras potencias europeas a medida que colonizaban diferentes partes del mundo. (En otros lugares y épocas, como en algunos imperios asiáticos o entre la población árabe, se han dado otras formas de racismo con diferentes orígenes y consecuencias).
Sé que esto le sienta mal a tu Una, Grande y Libertadora Españita pero es el consenso absoluto entre los historiadores que no se masturban con trapitos de colores.
#33 el problema no es si es correcto o no , es como quieren los mexicanos que se escriba
Es simplemente un tema de respeto
Respecto a los nombres propios, también dices julio Verne pero dices Joel Dicker por ejemplo
#33 Ya, pero el nombre oficial del país es con X. El país se independizó cuando aún llamábamos “El Quixote” al libro de Cervantes y decidieron no cambiarle el nombre cuando los españoles cambiaron unas décadas después las reglas de ortografía. Intentar forzar ese cambio en 120 millones de personas es una falta de respeto.