Han dicho Rajoy y Zapatero, en lo que ha sido su único punto de coincidencia en la campaña, que si pierden las elecciones no piensan tomar de las de Villadiego y que, salvo debacle, en el caso del primero, o petición expresa del partido, en palabras del segundo, no habrá quien les apee del burro ni a empujones. Se trata, sin duda, de una refinadísima broma, conocido es el carácter chancero de ambos candidatos y su afición por las cuchufletas. ¿O no?