Tras años impulsando una narrativa basada en la transición energética y en los esfuerzos por reducir la contaminación, este año ha adoptado una política menos optimista, centrada en la seguridad energética y poniendo el foco en los combustibles fósiles como elemento central del sistema energético mundial. Las conclusiones que podemos extraer son demoledoras: la demanda de petróleo y gas seguirá creciendo hasta 2050, llegando a ser de 113 millones de barriles diarios; el famoso peak oil ya no sucederá en 2030, sino que se retrasa hasta 2050; el
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