Llevar el gato al veterinario puede ser una experiencia traumática, tanto para él/ella como para ti. El estrés que supone su trasporte es un problema infravalorado y a menudo gestionado mal. Los gatos son animales territoriales y cualquier interrupción de su rutina les comporta un gran desasosiego. Y el trasportín es un signo de peligro. Por ello si el gato comienza a maullar, tembrar o a salivar no es por casualidad. A continuación unos consejos para hacer de este viaje más llevadero.
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etiquetas: gato , trasportín , veterinario
A eso venía.
Lo único salvable del "artículo", el "integrar" el transportín (dejándolo abierto y con goloserías o juguetes pa que no le tengan miedo)
jajajajaj el titular