Dos bimotores Avro Anson de la Royal Australian Air Force (RAAF) colisionaron en pleno vuelo a unos 1,000 pies de altura. Sin embargo, en lugar de una explosión y una caída libre hacia el desastre, los aviones quedaron encastrados uno sobre otro, formando una estructura doble que se negaba a desplomarse. Es una de esas historias que merecen un lugar de honor entre las mejores curiosidades militares de la historia. Debido a un error de visibilidad, el avión de Fuller (L9162) terminó justo encima del de Hewson (L7348).
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Lo que parece increíble a veces funciona.
Una ventaja (según se mire) es que las balas la atravesaban sin dañar nada ya que al tener muchos de estos aparatos espacios vacíos que no tenían más funcionalidad que pasar cables y dar la forma necesaria, pues eso los hacía un poco más resilientes. Al menos frente a la munición convencional.
Ahora tiene su propia gestapo.