La campaña contra Podemos no es solo una reacción visceral: es una estrategia organizada para frenar avances sociales y consolidar una agenda ultraderechista basada en el miedo. Las amenazas públicas, el señalamiento de espacios y el acoso físico son prácticas propias de movimientos extremistas que buscan silenciar al adversario. La pregunta ahora es si las instituciones actuarán para frenar esta escalada o permitirán que la campaña de odio continúe creciendo con impunidad. Cuando las amenazas no tienen consecuencias, se convierten en violencia
|
etiquetas: román cuesta , ultraderecha , regularización de migrantes