El Everest acaba de recordar a propios y extraños que no es una atracción turística más, sino una montaña con unas condiciones climáticas extremas que pueden torcerse en el momento más inesperado. Eso es al menos es lo que acaban de aprender los cientos de alpinistas que este fin de semana se vieron sorprendidos en sus laderas por una intensa y copiosa ventisca.
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