Según cualquier medida convencional de poder, Estados Unidos sigue siendo formidable. Su poder militar no tiene rival y todavía posee la mayor economía nacional del mundo. Sin embargo, en el siglo XXI el poder nunca ha dependido solo de las capacidades materiales. Durante décadas, la verdadera ventaja estratégica de Estados Unidos residió en algo menos tangible pero más potente: su capacidad de atraer. Sus ideales, su apertura y su compromiso declarado con valores universales le otorgaban una autoridad moral que facilitaba las alianzas.
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