#25 Sí, eso me recuerda mi primero viaje con alumnos de 1º de bachillerato. Fin de curso. Las hormonas de aquella manera. A Italia. El día de Roma fue la reostia. Me acompañaban dos compañeros del instituto. Uno, el profesor de religión, inútil perdío. La otra la profe de dibujo, empastillada hasta las trancas por su depresión de caballo. Total, yo era la única que controlaba el grupo con treinta y tantos chavales de 16 años. Decía que en Roma fue el acabose ya que estuve a punto a de llamar a los carabinieri. Habíamos quedado en reunirnos en el centro de la plaza San Pedro, frente a la basílica del Vaticano a una hora concreta. Diez minutos e retraso, quince, veinte... A la media hora yo estaba al borde del ataque de nervios. Y con el teléfono en la mano para llamar y avisar de que me faltaban cuatro alumnos... Cuando por fin, los vi asomar por una de las esquinas, casi los mato con mis propias manos. Estoy hablando de hace más de veinticinco años, pero cuando alguna vez lo recuerdo, se me erizan los pelos de nuevo.
La empastillada, que era la persona a quien habían encomendado el dinero para pagar las excursiones, el vaporeto, las visitas, etc. dejó bajo el colchón de su cama el sobre con el dinero. Y se me ocurrió preguntarle por la mañana, antes de subirnos al autobús si llevaba el dinero, y... tuvimos que subir a la habitación que ya estaban limpiando para recogerlo. Una pesadilla.
Contaré solo un par de pequeñísimas anécdotas de uno de las docenas de viajes de estudio e intercambio que he organizado y llevado a cabo en mi extinta vida profesional como profe, pero tendría para llenar varios todos enciclopédicos de aventuras y desventuras de las que nos toca vivir a los que nos atrevemos a llevar a un grupo de chaval más allá de su terruño.
Chaval de catorce años; en tercero de la ESO; no es ninguna lumbrera pero tonto no es. De familia de pasta, pero de pasta gansa de una aldea próxima al instituto. Conozco bastante a la familia, especialmente a la madre, que es la que suele asistir a las reuniones previas, y si ya la trataba con pinzas, con este que es el pequeño de la familia, me ando con mucho cuidado.
Todo iba bien hasta que al segundo día de estancia en la familia del chaval con el que lo he emparejado, y a través del profe francés, me llega una queja de la madre francesa. Resulta que mi alumno, cuando va al baño, no tira de la cadena ni usa la escobilla. Repetidamente. Al parecer no es su costumbre ya que su "mamá" siempre va detrás de él y se ocupa de ello. Hablo con el chaval de forma clara y directa. El chaval mirando al suelo todo el rato. Y me dice que sí, que cambiará su comportamiento. Pasan los días y pregunto al chaval francés y su correspondiente ha cambiado y me dice que no. Que incluso ellos mismos en la casa lo han hablado. De nuevo, lo comento con mi alumno y se justifica diciendo que se le "olvida". Cuando llegamos de nuevo al pueblo, supuestamente nos espera los familiares que esperan al chaval. Que por cierto, sale corriendo hacia el coche del padre apenas recoge su maleta. Y el padre hace además de saludarme y despedirme y me deja con la palabra en la boca.
Otro viaje de intercambio de otro año. Una de las rutas de visita incluye pequeños pueblos del valle d'Aure (Hautes Pyrénées). Hacemos una pausa para comer. Muchos quieren ir al baño. En los pueblos franceses suele haber baños públicos gratuitos. Bien, pues apenas les he indicado dónde estaban, se meten varios chavales y el resultado con el que me encuentro a los pocos minutos es que han metido varios rollos de papel higiénico dentro del váter con el consiguiente embozo del mismo. El agua se sale a chorros por debajo de la puerta. Voy al ayuntamiento para avisar de la "avería". Quién se hace cargo de todo el follón? Nadie. Y yo me pillo un cabreo grande porque se echan la culpa unos a otros.
Tuve en la facultad un profesor del que me contaron que estaba liado con una alumna de doctorado. Y sí, los rumores eran ciertos. También tuve otro que frecuentaba, por decirlo finamente, a otra alumna y con la que después se casó. Para los que se quejen de que esas cosas nunca terminan bien.
#32 Gracias a ti. Pero conste que sigo pensando que está fiambre. Lo de ayer pudo haber sido una IA muy avanzada. De hecho corren por las RRSS unas imágenes bastante inquietantes sobre algunos glitch. Pero bueno, es mi opinión.
Minuto 25:15. Mira la manga de la chaqueta del brazo izquierdo
#10 Lo tengo en mente, porque cuando llegué planté algunas cosas para ver cómo estaba el terreno y ver cómo iba el sol y demás y fue una gran desilusión. Además tuvimos una primavera muy lluviosa y se echó a perder lo que se salvó.
#7 Estaba. En la provincia de Huesca. Ahora vivo en los Alpes italianos, y aquí está el tema de hacer huerto muy limitado por altitud y clima. Ayer mismo nevó de nuevo.
Y aparte de comer una parte de la producción, que es bastante limitada en el tiempo, solía hacer conservas casera de casi todo. Pero ya digo que ni era para llegar a ser autosuficiente ni de coña.
En el huerto de verano, de casi todo lo que se come habitualmente: tomates, pepino, berenjena, pimiento, judías verdes, melones, sandías, lechugas, calabacines, cebollas... Y en el de invierno, pues lo normal: coles, coles de bruselas, habas, ajos, puerros, brócoli, coliflor, etc.