#1 Eso sería como pegarse un tiro en su propio pie. Esa información bien visible puede tener consecuencia sobre las ventas de ese producto y no para bien. Yo soy precisamente de los que miran sobre todo el precio al kg.
Pululan cada vez con más frecuencia canales de YT sobre extranjeros que compran "akiyas" (casa abandonadas por herederos de los fallecidos ocupantes) y se empeñan en recuperarlas con más o menos fortuna.
#4 En Italia, se ha sabido (porque hay pruebas gráficas) que hay determinados jueces que tienen encuentros distendidos (comidas, cenas, etc) con gente de la mafia. Pero a la Melones, eso no le preocupa lo más mínimo; es más hasta le hace gracias.
#49 Mi modus operandi cuando me he ido de viaje de intercambio siempre ha sido el mismo: dejar tareas para los chavales en forma de fotocopias de ejercicios para que al menos los alumnos de mi semana de ausencia estuvieran ocupados y los de guardia más tranquilos. Incluso hubo profesores que se "olvidaban" de entregarles las tareas. No, si los que dicen que esto es un trabajo ligero y descansado no han enseñado en la vida.
#25 Sí, eso me recuerda mi primero viaje con alumnos de 1º de bachillerato. Fin de curso. Las hormonas de aquella manera. A Italia. El día de Roma fue la reostia. Me acompañaban dos compañeros del instituto. Uno, el profesor de religión, inútil perdío. La otra la profe de dibujo, empastillada hasta las trancas por su depresión de caballo. Total, yo era la única que controlaba el grupo con treinta y tantos chavales de 16 años. Decía que en Roma fue el acabose ya que estuve a punto a de llamar a los carabinieri. Habíamos quedado en reunirnos en el centro de la plaza San Pedro, frente a la basílica del Vaticano a una hora concreta. Diez minutos e retraso, quince, veinte... A la media hora yo estaba al borde del ataque de nervios. Y con el teléfono en la mano para llamar y avisar de que me faltaban cuatro alumnos... Cuando por fin, los vi asomar por una de las esquinas, casi los mato con mis propias manos. Estoy hablando de hace más de veinticinco años, pero cuando alguna vez lo recuerdo, se me erizan los pelos de nuevo.
La empastillada, que era la persona a quien habían encomendado el dinero para pagar las excursiones, el vaporeto, las visitas, etc. dejó bajo el colchón de su cama el sobre con el dinero. Y se me ocurrió preguntarle por la mañana, antes de subirnos al autobús si llevaba el dinero, y... tuvimos que subir a la habitación que ya estaban limpiando para recogerlo. Una pesadilla.