El sueño de ser futbolista, sin embargo, no se rompe en el césped. Se rompe al entrar en un club. “La cuestión del club se planteó. Pero era aceptar la idea de las duchas colectivas y eso, para mí, era impensable. Imposible. Lo que yo escondía iba a convertirse en visible”. Un amigo le pide compararse “por risa”. Niakaté cede: “Bajo el chándal y el slip. Mira, aguanta la risa y luego explota: ‘Tienes un pene muy pequeño, es una locura’”. Él lo describe sin adornos: “Estoy muerto por dentro”. Y ahí toma la decisión definitiva: dejar el fútbol.
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etiquetas: fútbol , vestuario , síndrome
Qué gilipollez de situación, pobre. Y la culpa la tiene la hermana.
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Edit. Mejor así.