Antes de 2024, el F-35 dependía de un núcleo de software de tamaño sin precedentes, con más de ocho millones de líneas de código integrado. Cada actualización desencadenaba una reacción en cadena de parches, lo que suponía un riesgo sistémico para la arquitectura. Resolver ciertos fallos podía requerir una revisión completa a lo largo de varios años. Esta centralidad del software exigía constantemente un equilibrio entre las mejoras de capacidad y la fiabilidad, mucho antes de cualquier transformación importante del hardware.
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