Tras el tratado de Atlanta del 39, cualquiera podía solicitar clones sin conciencia ni sensación de dolor. También se eliminaban las restricciones a la modificación genética de estos seres sin derechos humanos, lo que devino en un bestiario medieval viviente paseando por las calles de las grandes ciudades. Enanas con pechos enormes, gigantes con pechos enormes, cerditas antropomorfas con ocho pechos, artemisas con una falda de senos innumerables, minotauros, ninfas, cleopatras, sicofantes... Pero lo más común, aparte de clonar a …
|
etiquetas: artículo