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Cómo acabar con 30 años de odio al pobre: cuando acosar a una mujer y su hijo es una costumbre en el pueblo
Cuatro de los agresores, todos vecinos, están acusados de un delito de aporofobia. Dos de ellos llegaron a incendiar la casa de Carmen y Antonio con gasolina. Han ingresado esta semana en la cárcel. Desde finales del siglo pasado, algunos jóvenes "terminaban la fiesta yendo a la casa" para orinar, insultarles, hacer pintadas... El actual alcalde avisó a la Guardia Civil y ordenó poner una cámara para identificarles.
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Bueno, el alcalde ha hecho algo pero eso no borra treinta y cinco años de silencio y complicidad de la gran mayoría.
Los jóvenes del principio ni de coña lo eran por el final. Llevan siendo odiados por dos generaciones como poco.
El odio se reserva más para delincuentes y criminales, especialmente si son inmigrantes pobres.
menos el alcalde que se merece reconocimiento