El caldillo con el que se ponían las pilas en las sierras de Albacete y Jaén es un caso raro de uso del picante en la gastronomía tradicional española. “En los años cuarenta y cincuenta, el caldo valiente se hacía para los muleros, los gañanes, los pastores y todos los que estábamos alrededor”, contaba Moni, una señora. Nuestra receta sigue casi al dedillo la de Moni, con el único añadido de la cebolla.
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