"Siempre que la violencia no produzca lesiones visibles" . ¿Esto es un chiste o qué? O sea, en cualquier sitio menos en los ojos, bueno y si eso le pongo unas gafas de sol.
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria. Lo digo porque Las Palmas es la provincia y Las Palmas de Gran Canaria es la ciudad. Vamos, que la Universidad de Las Palmas no existe.
#6#7 ¿En serio? Pues yo lo he podido abrir sin problemas. Igualmente ahí se los copio/pego:
Hay una app en Dinamarca que te dice qué productos no comprar. Los escaneas en el supermercado y te avisa: esto es americano, aquello financia tal cosa. No es publicidad. No hay campaña oficial. Es gente que se organizó sola porque sintió que era lo único que podía hacer. Y funciona. Las ventas caen. Las empresas reaccionan.
Y me pregunto: ¿cuándo fue que dejamos de creer en esto? ¿Cuándo nos convencieron de que nuestras decisiones de compra eran insignificantes mientras nos repetían hasta el cansancio que éramos sólo clientes que «siempre tienen razón»?
La respuesta, claro, es que importamos. Por eso gastan millones en estudiarnos. Por eso cada clic es un dato; cada búsqueda, una métrica; cada segundo de atención, un activo monetizable. Por eso te siguen por Internet como si fueras un fugitivo.
Importamos: gastan millones en estudiarnos. Tu infelicidad es un modelo de negocio
El problema no es que seamos insignificantes. El problema es que nos conviene creerlo.
Porque si aceptas que tu dinero no importa, puedes comprar lo que sea sin culpa. Puedes suscribirte a plataformas que explotan a sus trabajadores, comprar en empresas que destruyen el medioambiente, financiar corporaciones que hacen lobbies contra tus propios intereses. Beber lattes en Starbucks, comprar el agua embotellada en Amazon, beber Coca-Cola y, mientras, criticar furiosamente a Trump. Y dormir tranquilo. Porque, total, ¿qué iba a cambiar tu decisión individual?
Excepto que sí cambia. Veríamos lo bien que le iba a sentar a Jeff Bezos si un día, un solo día, los europeos nos pusiéramos de acuerdo para abstenernos de utilizar Amazon. Digamos 12 horas. Los daneses con su app lo saben. Las marcas que pierden millones cuando un boicot prende en redes sociales lo saben. Las empresas que contratan agencias enteras para gestionar su reputación on-line lo saben.
#4 Es que no hay que dar educación religiosa. Esa parte que se de en historia. Todo lo demás pasa por enseñar al alumnado a pensar para desarrollar un espíritu crítico y reducir al mínimo las posibilidades de que que les laven el cerebro.
#3 ¿Qué te pasa a ti con los canariones muyayo? Pensé que los palmeros a quién no querían era a los chicharreros. En fin, así nos va. Como siempre peleados con el vecino en vez de pelearnos con quien de verdad nos hace la vida imposible.
Me gusta el fútbol. Pero no pienso ver ni un solo partido del mundial. Ojalá los países empiezan a mostrar dignidad y se junten para hacer un boicot. El fútbol mueve mucho y estamos en un momento de la historia donde la balanza se desequilibra de manera vertiginosa y peligrosa hacia la injusticia.
En la noticia que mandé en el comentario 2 viene bastante bien explicado de dónde viene todo esto. En una zona falta de espacios verdes, con malas infraestructuras de alcantarillado y carreteras, se pretende construir (ya está casi terminado) un mamotreto gigantesco para dar el pelotazo. Todos los costes asociados son para la ciudadanía, y los beneficios para los promotores y sus amiguetes. La asociación de vecinos intentó paralizarlo pero los jueces pedían fianzas abusivas y ahí que siguió para adelante. Y ahora esto, que parece que falsificaron la firma con el conchabo de una abogada a la que pagaron más que bien para vender esos terrenos a la promotora.
La cuestión es que la izquierda ha abandonado el discurso y la pelea de clase, centrándose en la lucha por el feminismo. Y no digo que no hay que luchar por el feminismo, lo que digo es que la razón de la izquierda era luchar contra los poderosos y la desigualdad social además del reparto de la riqueza. Todo eso parece haber desaparecido de sus objetivos.