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Siete han sido los miembros del jurado y 1320 los manuscritos presentados para esta edición, record absoluto.
Esto significa que han tenido que leer 3,61 libros al día para poder leerlos todos lo que equivale a 4,43 horas para poder leer un libro si les damos 16 horas de lectura y 8 horas libres al día para poder dormir, comer, ir al baño, ducharse, sacar al perro, llevar los niños al colegio, cepillarse los dientes y ver Antena 3.
Si, en cambio, lo que han hecho ha sido repartirse el número de libros, entonces cada miembro del jurado ha debido leer 188,57 libros lo que equivale a 0,51 libros al día, algo mucho más asequible. Esto significa que han tenido unas 31,37 horas para poder leer cada libro, a razón de 16 horas de lectura al día.
En la España de 2026, el debate sobre la vivienda se ha estancado en un bucle infinito: construir más o limitar precios. Sin embargo, ambas soluciones son parches para una herida mucho más profunda: una centralización asfixiante y abandono de muchas áreas que obliga a miles de titulados y especialistas a hacinarse en dos únicas ciudades, Madrid y Barcelona, para poder ejercer su profesión. Una tendencia que, en menor medida pero con igual agresividad en los precios, ya están replicando nodos como Málaga, Valencia, Donostia, Bilbao, etc..., asfixiando las opciones de la clase trabajadora en casi todo el arco mediterráneo y el norte. Mientras otros países han entendido que la salud de una nación reside en su red, España insiste en ser un embudo.
El problema no es solo que en las grandes ciudades haya más trabajo; es que hay trabajos que solo existen allí. La centralización masiva de estudios superiores, administraciones, especialidades médicas, ingenierias y técnicas junto con la concentración sedes corporativas crea una migración forzosa. Un ingeniero aeroespacial o un analista de datos difícilmente encontrarán su nicho en una capital de provincia media. Esta "fuerza centrípeta" vacía de talento el resto del territorio, saturando un mercado inmobiliario que ya no da más de sí. Construir más pisos en Madrid no solucionará que el 60% del talento joven del país compita por el mismo metro cuadrado.
Para entender la magnitud de la brecha, miremos los números reales. Con un Salario Mínimo Interprofesional (SMI) consolidado en torno a los 1.221 € netos (en 12 pagas), la capacidad de acceso a la propiedad es una historia de dos mundos. Tomemos como ejemplos dos de las múltiples ciudades pequeñas y medianas de España para compararlas con Madrid:

La misma tabla con salarios medios locales:

Incluso con las ligeras subidas de precios en las ciudades periféricas, estas siguen estando a "años luz" de las capitales. El drama es que un trabajador en Puertollano tiene calidad de vida pero carece de oferta cualificada, mientras que en Madrid tiene la oferta pero vive en la precariedad financiera permanente, trabajando exclusivamente para pagar el techo.
¿Por qué no se soluciona esto si la tecnología lo permite? La respuesta está en la presión de los lobbies inmobiliarios y hosteleros.
Esta resistencia frena una descentralización administrativa y empresarial real, manteniendo a los trabajadores cautivos de un modelo presencialista que solo beneficia al propietario del suelo, no a la productividad del país ni al bienestar del empleado.
A diferencia de España, países como Francia han entendido que el éxito de una capital no requiere que todo el mundo viva en ella. En los últimos años, Francia ha impulsado hubs tecnológicos en ciudades como Lyon, Toulouse o Burdeos. Aunque la sede fiscal permanezca en París para engordar el PIB nacional (y de la capital), los centros de trabajo están redistribuidos, y los estudiantes pueden especializarse en universidades de élite repartidas por todo el territorio sin verse obligados al exilio económico en la capital. Toulouse: El gigante Aeroespacial; Grenoble: El "Silicon Valley" de los Alpes; Burdeos (Bordeaux): De los vinos a la Ciberseguridad; Niza - Sophia Antipolis: El precursor europeo (A pocos kilómetros de Niza se encuentra Sophia Antipolis, el primer parque tecnológico creado en Europa hace ya 50 años con especialidad en Inteligencia Artificial, Biotecnología y Telecomunicaciones); Lyon: Química y Farmacia;
O universidades en todo el país como la Université de Strasbourg (Estrasburgo), Université de Toulouse (Toulouse), Université d'Aix-Marseille (Marsella/Aix), INSA Lyon (Lyon), Université de Montpellier (Montpellier) una de las más antiguas del mundo (fundada en el siglo XIII) pero puntera en el siglo XXI.
En España hay tambien univerisades en otras provincias, pero mucho mas limitadas en cuanto a investigacion y la diferencia fundamental es que, mientras en España las universidades de provincia actúan como "exportadoras de titulados" hacia Madrid y Barcelona, en países como Francia, Alemania o UK funcionan como "imanes de talento" gracias a una especialización extrema vinculada a sedes operativas reales. En el modelo europeo, no se trata de tener muchas universidades generalistas, sino de que la mejor facultad de aeronáutica esté físicamente pegada a la fábrica de Airbus en Toulouse, o la de automoción junto a Mercedes en Stuttgart; por el contrario, en España el talento cualificado se forma en provincias para terminar desplazándose a la capital, porque es allí donde reside el poder de decisión y las oficinas centrales, convirtiendo a la universidad periférica en un simple trampolín hacia el hacinamiento y la precariedad inmobiliaria de las grandes metrópolis.
Alemania, con su diseño "mallado", es el ejemplo máximo de eficiencia: la industria pesada está en Baviera y Baden-Wurtemberg, las finanzas en Frankfurt, la política en Berlín y los medios en Hamburgo. Nadie se ve obligado a morir financieramente en una sola ciudad para tener éxito profesional.
El sistema centralizador español está en un punto de no retorno. La presión de la especulación y la inversión en vivienda ha convertido las capitales en parques temáticos para el capital y el turismo, expulsando a la fuerza de trabajo que las hace funcionar.
La salida no será opcional, sino forzosa. Si el Estado y las empresas no imponen el teletrabajo y la descentralización de instituciones —como ya hacen Reino Unido o Francia con la relocalización de agencias estatales—, el sistema reventará por falta de relevo generacional. La descentralización no es una medida romántica para "ayudar a los pueblos", es la única forma de salvar a Madrid y Barcelona de su propia voracidad inmobiliaria.
Frente a esos que atacan constantemente la ilegalidad de la inmigración y que, paradójicamente, recuerdan el franquismo con nostalgia, creo que ya va siendo hora de hablar de la historia de la inmigración ilegal. Pero de la que tuvieron que hacer nuestros abuelos y bisabuelos.

La emigración española (1950-1975) se concentró principalmente en la década de 1960. Destinos: Alemania, Francia y Suiza.
3 millones de españoles emigraron durante esos 25 años.

Estos españoles alimentaron el "milagro económico" durante el franquismo, enviando remesas de divisas esenciales para el crecimiento económico español en los 60 y 70 del que tanto habla la ultraderecha omitiendo este factor crucial.

De ahí que diversos historiadores (de todas las ideologías, desde Preston hasta los "pseudohistoriadores" como Moa o Vidal) hayan señalado que la estimación de 3 millones se queda muy probablemente corta. La imposibilidad de registrar todas las salidas se debía a que la mayoría emigraba de manera irregular, usando estrategias como la del “falso turista”.

En Francia, Suiza o Alemania, los ‘irregulares’ superaban a los oficiales. Estudios muestran que un 64% de los emigrantes solo pudieron regularizar su situación después de llegar gracias a modificaciones legislativas como las que acometieron Suiza o Alemania. Otros tantos siguieron trabajando durante muchos años como ilegales. Otros sencillamente tuvieron que regresar para evitar el limbo administrativo. ¿Os recuerda a algo?

El régimen franquista necesitaba esa emigración irregular. Servía como válvula de escape del paro interno y generaba remesas que financiaban el desarrollo económico del régimen.
El Instituto de Emigración Español (IEE) fue más una herramienta de propaganda que de control eficaz. Era famoso por su enchufismo y opacidad. Su burocracia lenta impulsó rutas informales; el mito de la emigración asistida ocultaba su ineficacia real.

Los noticiarios del NO‑DO mostraban una emigración ordenada y feliz pero ocultaban la realidad. Muchos emigrantes trabajaron en condiciones laborales extremas, con salarios más bajos que los nacionales y en alojamientos insalubres. Pero fueron pocos los que tuvieron que enfrentarse a verdaderas situaciones de caristía como las que vemos a menudo, hoy, en nuestro país.












El relato romántico del éxodo franquista ordenado sigue influyendo en parte del discurso político actual. Afirmar que los emigrantes antiguos eran legales y ordenados es falso: buena parte actuó fuera del sistema, igual que muchos migrantes hoy.
Leónides Montero, luchador de la emigración y exdirigente de CC OO, dijo en 1968: "Espero que esos que ahora hablan de nosotros como luchadores patrióticos por el bienestar de nuestro país, no olviden jamás que nadie puede elegir donde nace".

Esperaba mal.
menéame