Hoy podemos calibrar las consecuencias de la “guerra contra el terrorismo” puesta en práctica por Estados Unidos tras los atentados del 11-S: más de 400.000 personas asesinadas a manos del ejército norteamericano; más de cuatro millones de muertes en la zona como resultado de las guerras civiles que devoraron los países intervenidos; y de la democracia en Irak, Afganistán, Libia o Siria, mejor olvidarse. Un desastre sin paliativos. Con su ataque a Venezuela, Donald Trump ha dado un paso adicional.
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(El otro 11S, el de los psicópatas Kissinger y Pinochet, fue en 1973)