Las sedes del Patronato de Protección a la Mujer estaban gestionados por órdenes religiosas. "Las monjas eran carceleras, eran absolutamente nazis", afirma Consuelo García del Cid, "y lo fuerte es que todo esto se hacía en nombre de Dios. Yo me pregunto: ¿qué Dios? Porque ahí Dios no estaba".
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Igual que lo de permitirle a la iglesia abrir centros de denuncia de casos de abusos en la propia iglesia, en lugar de animar a la gente a ir directamente a la policía o a otro organismo del estado que pueda ser imparcial y que realmente vele por los derechos de las posibles víctimas.
¿El del Antiguo Testamento, por ejemplo?