La combinación de sanciones, cambios en las rutas comerciales y una demanda más selectiva por parte de los grandes importadores está provocando una situación inédita para Moscú: millones de barriles flotando sin destino definido. Una situación que no responde a una caída brusca de la producción, sino a un desequilibrio cada vez más visible entre la capacidad de exportación y la disposición real de los compradores. A medida que se endurecen las restricciones comerciales y se estrecha el margen de maniobra de las refinerías asiáticas, el petróleo
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