En fin, que me perdonen los devotos. Pero si esta obra es un templo, yo he entrado en él, lo he recorrido, y he salido igual que entré: con la convicción de que la grandeza proclamada no siempre coincide con la grandeza experimentada. Y que, a veces, la verdadera hazaña es atreverse a decirlo. Por eso lo digo: con Cien años de soledad me he aburrido como una ostra.
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