Telecinco, una cadena cuyo modelo -basado en la creación de un peculiar universo propio de personajes que retroalimentaban los contenidos de su programación con polémicas tan prefabricadas como eficaces-, una vez agotado, sigue sin encontrar su sitio y anda como pollo sin cabeza mientras nos vende su nueva apuesta como «televisión blanca y familiar». ¡Qué paradoja! Pues esa misma estrategia era la bandera de Antena 3, «la cadena triste», en lo que parecía una travesía en el desierto y se ha descubierto como una magistral maniobra de distracción
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Ahora los chismes vienen por el móvil y los trends, las viejas se van muriendo.
Se van quedando sin público potencial.
Años de basura, trae la ruina.