El presidente Donald Trump estaba sentado detrás del escritorio Resolute al caer la tarde del martes, rumiando sobre lo que podría ocurrir en las próximas horas. Había prometido eliminar a “toda una civilización” si a Irán se le pasaba el plazo de las 8 p. m. para reabrir el estrecho de Ormuz. A medida que se desarrollaban una serie de reuniones no relacionadas con el tema, Trump intervenía para enumerar el número de puentes y centrales eléctricas que estaba dispuesto a atacar en Irán.
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El pito del sereno.