El otro día fui al dentista. Hacía como 2 años que no iba. Decidí no volver al dentista al que fui la última vez. No me gustaban ciertas cosas y empecé a buscar un sustituto. Busqué entre los que conocía, en Google Maps. Lo normal, supongo. Después de varios días dándole vueltas, elegí una clínica muy vital. Buenos comentarios, se anuncian en la tele, todo bien.
Fui un día, y lo típico: toma de datos, firma de contratos, muchas firmas, radiografía. Lo normal, ¿no?
Primera cita. Dentro de lo normal, quitando que me dolió bastante.
Pero lo raro, lo que de verdad me tocó la fibra fue lo que pasó al final.
Salgo al mostrador de la entrada, todavía dolorido. Me dan la siguiente cita. Me dice cuánto tengo que pagar y me pregunta si quiero recibo. Le digo que sí a la chica. Pongo la pasta en el mostrador y ella lo cuenta. Y mientras pasa todo esto y yo estoy pensando en lo que me duele la boca, veo sacar a la chica un libro de cuentas, en papel, de los que usaban el siglo pasado antes de existir Excel, los programas de gestión, o los ordenadores… A pesar de no ver dónde lo tenía guardado, pues divisaba prácticamente todo su escritorio, luego fui atando cabos. Intuyo que el libro estaba "escondido" debajo de la mesa. En el libro escribió una línea, con mi nombre supongo, y en una columna al final el importe.
En ese momento me pareció curioso. Y yo con mis dolores.
Entonces me fui y empecé a caminar hacia el coche. Y mientras iba caminando, iba pensando en lo raro que era eso del libro. Hasta que llego al coche, saco las cosas de los bolsos y las dejo por ahí, y dejo el sobre con la factura en el asiento.
Fue justo en ese momento en que mi cerebro, de forma autónoma y en segundo plano, unió todas las pistas. En un milisegundo lo vi claro, antes de abrir el sobre. ¿A que no hay una factura en el sobre?, me aposté a mí mismo. Abro el sobre y, efectivamente, no había más que un papel que incluía la palabra "recibo".
No había factura. Ni desglose de IVA. Ni datos fiscales. Ni decencia. Ni impuestos. Solo un papel inservible. Me había cobrado en negro en mi puta cara. A la vista de todos. Sin cortarse. Sin vergüenza ninguna.
Al día siguiente, ya con más calma pero con el orgullo herido por haber dejado que me la colaran, busqué en la web una forma de hacer una denuncia anónima en Hacienda, en la oficina del consumidor, no sé… Estuve un buen rato buscando. En ninguna se podía. Solo se permite si pones tu nombre, tus apellidos, tu DNI.
Gracias hacienda por ponérselo tan fácil a unos (ellos) y tan complicado a otros (nosotros).
El_pofesional
Tachy
Dakaira
ayatolah