Los científicos de la escuela de medicina Johns Hopkins Medicine afirman que el gas que se esconde tras eses mal olor a huevo podrido, conocido como sulfuro de hidrógeno, puede ayudar a proteger las células cerebrales envejecidas de la enfermedad de Alzheimer. El sulfuro de hidrógeno modifica proteínas clave mediante un proceso denominado sulfhidratación química, según el doctor Solomon Snyder, coautor del estudio. Los niveles de sulfhidratación en el cerebro disminuyen con la edad, que señalan que esta tendencia es aún menor en el Alzheimer.
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