Mohammed Amin tenía ocho años cuando falleció poco después de dar positivo en la prueba del VIH. Tenía tanta fiebre que insistía en dormir bajo la lluvia, y se retorcía de dolor «como si lo hubieran echado en aceite hirviendo», cuenta su madre, Sughr. Poco después de que su hermano contrajera el virus, a Asma también le diagnosticaron el VIH. Su familia cree que ambos niños lo contrajeron a través de inyecciones con agujas contaminadas durante un tratamiento médico rutinario en un hospital público de Taunsa, en la provincia de Punyab, Pakistán.
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