Tenía Federico un ejemplar del libro de Eduardo Ocón Cantos españoles. Colección de aires nacionales populares, que, para difundirlos, recogía también la traducción de las letras en alemán. Lorca se divertía y provocaba la hilaridad general cantando con solemne énfasis las tradicionales Seguidillas sevillanas. (¡Viva Sevilla!)...
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Hoch, hoch, Se-vil-la!
Es le-be Se-vil-la!
Hoch, hoch, Se-vil-la!...
Era éste el lado más bromista, casi infantil, de Federico García Lorca pero él también vivía sus «dramones» y sus «gritos de angustia». Y, como todos sus compañeros de Generación, pasó luego de los juegos vanguardistas a profundizar en la hondura de lo humano.