Cuando pensamos en contaminación urbana, solemos mirar al aire: los gases de los coches, el humo, las partículas en suspensión. Pero hay otra forma de contaminación muy cercana y casi invisible: la que se acumula en el polvo de las calles. Ese polvo que pisamos a diario no es solo suciedad. Es una mezcla compleja de finos restos inorgánicos y orgánicos que llevan adheridas sustancias químicas que provienen del tráfico, la actividad urbana y nuestros hábitos cotidianos. Como tal, puede ser una vía importante de exposición a contaminantes.
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Y ese es el que se deposita en las casas que se puede ver y limpiar, el resto va a los pulmones.