¡Traficantes de sueños! ¡Malditos embusteros! ¿A dónde vais con vuestra ponzoñosa verborrea? ¿Acaso no sabéis que la verdad es vida y la vida es sagrada? ¡Acallad vuestra lengua viperina de una vez! El ser humano es capaz de soñar sin que nadie le imponga sueño alguno. Los sueños no se imponen ni se venden, sino que se comparten sin tomar nada a cambio. Soñar es un derecho, eso es obvio puesto que es parte de nuestra condición humana. No hacen falta pues leyes para regular sueños ni para permitirlos ni prohibirlos ni para censurarlos.
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