La abuela lo llevó a los bomberos para que lo liberasen. Les dijo dónde había encontrado el niño las esposas y les comentó: "No consigo imaginar para qué querría alguien unas esposas en el dormitorio...". Por cierto, no eran de juguete, sino de acero endurecido, es decir, de las de verdad: los bomberos tuvieron que usar un cortador industrial de metales. Y no, la madre no es policía... ;-)
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