No fue un viaje institucional. Fue una declaración de principios. Durante tres días, Javier Milei recorrió Israel en una visita que coincidía con el 78º aniversario de su independencia. Pero lo importante no fue la agenda oficial. Fue el mensaje. Y el mensaje es claro: alineamiento total, sin matices, sin distancia, sin diplomacia clásica. En Jerusalén recibió la Medalla Presidencial de Honor, el mayor reconocimiento civil del país. Un gesto político que no se regala. Isaac Herzog lo dejó claro al elogiar su “mensaje moral”.
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Cuando un gobierno sustituye la política por la fe y el análisis por consignas, ya no está gobernando: está imponiendo una visión del mundo sin espacio para la discrepancia."